Hay días en que uno ya no sabe si lo que siente es el calentamiento global, el calentamiento electoral o simplemente que a nuestras neuronas también les dio por pedir vacaciones.
San Martín está que arde. Y no precisamente por las altas temperaturas.
Con el inicio de los debates y el movimiento cada vez más intenso de candidatos al Gobierno Regional, municipalidades provinciales y distritales, el panorama político empieza a calentarse como plancha de calamina a mediodía. Y, hasta ahora, más que ideas estamos viendo ataques, dimes y diretes, victimización, acusaciones y un desfile de egos con vocación de circo.
¡Señores, todavía no empieza la función y ya están volando las sillas!
Parece que algunos candidatos descubrieron que gobernar es secundario, pero atacar es estratégico. Que una propuesta puede esperar, pero un golpe bajo no. Que explicar qué harán por San Martín requiere tiempo, mientras que lanzar una acusación cabe perfectamente en un video de treinta segundos.
Y ahora tenemos una nueva criatura electoral: el troll con inteligencia artificial. Porque si antes había operadores políticos detrás de una computadora, hoy hasta la mentira viene con algoritmo, edición y rostro digital. La IA, que podría ayudarnos a resolver problemas, también está siendo utilizada para fabricar barro político. ¡Qué modernidad tan mal aprovechada!
Mientras tanto, el ciudadano mira.
Mira y escucha. Y seguramente se pregunta: ¿Y las propuestas?
¿Dónde están las soluciones para el agua, la seguridad, la salud, la educación, el agro, el turismo, las carreteras, el empleo, el ambiente y tantos problemas que no se resuelven con memes ni ataques de Facebook?
Porque una campaña electoral no debería convertirse en campeonato de quién insulta mejor, quién victimiza más o quién consigue el video más viral.
Ya tuvimos suficiente espectáculo.
Y si queremos comprobarlo, basta mirar alrededor.
No hace falta ser politólogo. Basta caminar, observar nuestras ciudades y preguntarnos qué hicimos hace cinco años. Porque cuando uno contempla a algunos de nuestros actuales alcaldes y a nuestro gobernador, dan ganas de darse cachetadas electorales por aquella decisión colectiva que tomamos en las urnas.
Pero cuidado: el problema no es solamente de quienes gobiernan. También es nuestro. Porque elegimos… y volveremos a elegir.
Y aquí viene lo incómodo: la memoria política del pueblo parece tener fecha de vencimiento. Nos indignamos, protestamos, juramos que nunca más… y cinco años después volvemos a enamorarnos del mismo discurso con diferente camisa.
Nos venden sonrisas de campaña, abrazos estratégicos, promesas tamaño catedral y videos donde todos parecen descubridores de la fórmula secreta para salvar San Martín. Después llegan al poder y, ¡oh, sorpresa!, la realidad resulta más difícil que el TikTok.
Por eso, así como estamos esperando que este calor infernal afloje un poco y que una bendita lluvia refresque nuestras calles, también esperamos que la política baje la temperatura de la agresión y suba la temperatura de las propuestas.
Que los candidatos se peleen, sí, pero con ideas.
Que debatan, sí, pero con argumentos.
Que cuestionen, sí, pero con pruebas.
Que respondan por su pasado, expliquen su presente y, sobre todo, nos digan qué piensan hacer con nuestro futuro.
Porque el pueblo no necesita candidatos expertos en incendiar redes. Necesita personas capaces de apagar incendios reales.
Necesitamos saber quién tiene equipo, quién tiene experiencia, quién tiene capacidad y quién solamente tiene un buen community manager.
Porque gobernar no es posar para la foto, cortar cintas ni llenar Facebook de corazones. Gobernar es decidir, ejecutar, fiscalizar, rendir cuentas y asumir responsabilidades cuando las cosas salen mal.
Y que nadie se ofenda por exigirlo.
La democracia no es un club de fans. El candidato no necesita aplausos: necesita preguntas. Y el elector no necesita ídolos: necesita información.
Así que, queridos candidatos, respiren. Tomen agua. Báñense con agua fría si hace falta. Pero, por favor, bájenle dos rayitas al circo y súbanle diez a las propuestas.
San Martín ya está suficientemente caliente. No nos quemen también el futuro.
Con Aroma a Café: tibio en la taza, porque caliente ya está bastante el panorama.



