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Daniel Coral Pérez y la política que se nos fue: “Los jóvenes tienen que recuperar los espacios vacíos”

Daniel Coral

Daniel Coral Pérez habla de política con la memoria de quien la vivió desde joven y con la serenidad de quien ha pasado por la gestión pública, el ejercicio profesional y la docencia. Recuerda a Fernando Belaúnde Terry, reivindica una política basada en ideales y servicio, cuestiona a los aventureros que hoy ocupan espacios públicos y advierte que una sociedad que deja de participar termina entregando su destino a otros.

Daniel Coral Pérez habla con sencillez. No necesita levantar la voz para expresar una preocupación que lleva tiempo madurando. Hay en su manera de conversar la serenidad de quien ha recorrido distintos caminos y, después de haber sido alcalde en dos periodos, constituyente, ejercer como notario público y dedicarse a la docencia universitaria, observa la política de hoy con una mezcla de preocupación, desencanto y, pese a todo, esperanza. PorqueCoral no ha perdido la fe en la política; ha perdido la paciencia con quienes la han convertido en otra cosa.

Durante la entrevista en Voces en Vivo, habla de una crisis que, para él, no es solamente política. Es también una crisis de valores que ha terminado alejando de la vida pública a personas valiosas, que hoy prefieren mantenerse al margen frente a un escenario donde la confrontación, el insulto y el ataque personal ocupan espacio.

Coral recuerda sus años de juventud, sus inicios en Acción Popular y cuando la política todavía podía entenderse como una vocación. En su memoria aparecen hombres importantes en su formación y de manera especial Fernando Belaúnde. Hablar de Belaúnde es, para Coral, hablar de una manera distinta de entender el poder.

Evoca aquella frase que quedó asociada al expresidente: “Sin camiones, sin millones y sin matones”Para Coral, esas palabras expresaban una política sostenida en ideales y no en la fuerza del dinero, en la convicción y no en la agresión, en el servicio y no en el beneficio personal. Es inevitable que, al recordarlas, establezca una comparación con el presente.

Le preocupa que la política haya abierto sus puertas a los aventureros, a quienes llegan sin una trayectoria que los respalde, sin méritos suficientes y, sobre todo, sin una verdadera vocación de servicio. Personas que encuentran en la política una oportunidad para obtener protagonismo, poder o beneficio personal y que terminan utilizando los espacios públicos para confrontar, insultar y destruir reputaciones.

Le preocupa que el adversario político haya dejado de ser alguien que piensa distinto para convertirse en alguien a quien hay que destruir. Cuestiona también a determinados medios de comunicación que, en su opinión, han cruzado la frontera entre la crítica legítima y el ataque personal, llegando incluso a exponer la intimidad de las personas.

Que los buenos se vayan y que los aventureros se queden. Ese es uno de los grandes temores de Coral. Por eso, cuando habla de su trabajo como docente su tono cambia. Allí encuentra una de las razones para mirar el futuro con optimismo. Frente a él están los jóvenes, una generación que todavía puede decidir qué hacer con el país.

Coral no quiere que sus estudiantes vean la política como algo sucio, lejano o reservado para quienes tienen dinero y poder… “Tienen que responsabilizarse de la conducción de nuestros pueblos y nuestras instituciones”, les dice.

La frase contiene una exigencia enorme. Los jóvenes tienen derechos, pero también deberes. Tienen derecho a reclamar instituciones dignas, autoridades honestas, oportunidades y un país mejor. Pero también tienen la obligación de prepararse, participar, organizarse y asumir el desafío de conducir sus comunidades.

Coral habla desde su propia historia. Alguna vez fue joven y tuvo que decidir si mirar desde afuera o involucrarse. Eligió involucrarse. Y esa decisión terminó acompañándolo durante buena parte de su vida.

Quizá por eso sus recuerdos de Tarapoto tienen un significado especial. Recuerda una ciudad donde los vecinos tenían una mayor capacidad para organizarse y enfrentar juntos los problemas. Había trabajo comunitario para impulsar la pavimentación de sus calles, electrificación y sacar adelante proyectos que beneficiaban a todos.

No todo dependía de la autoridad. La comunidad también hacía su parte.

Ese espíritu, considera Coral, se ha debilitado. Y con él se ha debilitado también una forma de entender la ciudadanía. Hoy se reclama mucho, pero se participa poco. Se exige a las autoridades, pero muchas veces se olvida que una sociedad también tiene responsabilidades.

Su reflexión vuelve entonces a los jóvenes. No les pide solamente que estudien o consigan una profesión. Les pide que sean ciudadanos activos, que no permanezcan indiferentes y que entiendan que la democracia no termina al votar.  La política pertenece a la sociedad.

Por eso Coral insiste en recuperar valores que parecen sencillos, pero que considera fundamentales: honestidad, respeto, responsabilidad y servicio. No habla de fórmulas complicadas. Habla de principios que deberían volver a ser la base de cualquier persona que aspire a representar a los demás.

En su conversación también aparece el desafío de la inteligencia artificial. Coral entiende que el mundo está cambiando y que las nuevas tecnologías tendrán una presencia cada vez mayor. Pero advierte que ese avance exige responsabilidad. La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero detrás de ella está el conocimiento humano y, por tanto, la responsabilidad humana sobre la tecnología es la clave.

Por eso su mensaje no es solamente para los jóvenes: la política volverá a ser servicio cuando una nueva generación decida entrar en ella no para buscar un lugar donde servirse del poder, sino para devolverle al poder su verdadera razón de existir: estar al servicio de la sociedad.

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