Defender la Amazonía no es ideología, es supervivencia
Desde VOCES, alzamos nuestra voz en defensa de un modelo que protege la vida, no la depreda. Apostar por la naturaleza no es frenar el desarrollo, es garantizarlo para las generaciones que vendrán.
En VOCES hemos publicado recientemente un informe del Grupo Análisis X Naturaleza que desmonta de manera contundente uno de los argumentos centrales del Proyecto de Ley 11822: la idea de que permitir actividades de hidrocarburos en zonas de protección estricta generará mayores ingresos por canon y contribuirá a cerrar brechas sociales. Esta premisa, presentada como una solución pragmática, no es más que una falacia económica sin sustento técnico ni evidencia histórica.
La experiencia del país demuestra con claridad que la inversión privada florece allí donde existen seguridad jurídica, reglas claras y estabilidad institucional, no donde se debilitan los estándares ambientales. Sin embargo, lo que hoy se pretende impulsar desde este proyecto de ley es justamente lo contrario: una peligrosa flexibilización que, de manera silenciosa, ya viene erosionando los pilares de la gestión ambiental en el Perú.

El PL 11822 no solo es técnicamente cuestionable, sino que constituye un grave despropósito institucional. Al transferir facultades al Ministerio de Energía y Minas, históricamente atribuidas al Congreso de la República, se rompe el equilibrio de poderes y se abre la puerta a una politización de la gestión de las Áreas Naturales Protegidas (ANP). Esto implica ignorar un modelo de conservación que ha demostrado su eficacia durante más de 65 años, basado en una gradualidad de estrategias que van desde la protección estricta hasta el uso sostenible.
Resulta aún más alarmante que esta propuesta avance en un contexto donde el 96% de las ANP en el Perú son efectivas, funcionando como verdaderos “bastiones de resiliencia y esperanza” frente a amenazas como la deforestación y las economías ilegales.
Estas áreas no solo conservan biodiversidad; brindan servicios ecosistémicos esenciales como la provisión de agua, la regulación del clima y la capacidad de respuesta ante desastres. Pretender sustituir estos beneficios por una promesa incierta de canon es, además de irresponsable, profundamente miope. La data es clara: no existe evidencia concluyente de que el canon haya mejorado de manera sostenida la calidad de vida de las poblaciones locales.

La historia del Perú ha sido contundente en una lección que no debemos olvidar: el progreso construido a costa de la naturaleza es efímero y profundamente desigual. El PL 11822 no representa un avance, sino un retroceso que nos acerca a escenarios de conflicto social, degradación ambiental y pérdida de gobernanza. La decisión que hoy tienen en sus manos los legisladores no es solo política, es profundamente moral.
Las Áreas Naturales Protegidas desempeñan un papel clave no solo en la conservación, sino también en el crecimiento económico sostenible. A través del turismo responsable y el aprovechamiento racional de recursos, generan ingresos, crean empleo y dinamizan economías locales sin comprometer el futuro. Son, en esencia, una apuesta inteligente por el desarrollo.
Su importancia es incuestionable. La Amazonía, como sistema vivo, actúa como el mayor sumidero de carbono del planeta, regulando el clima global al absorber dióxido de carbono y producir oxígeno. Alberga cerca de una décima parte de la biodiversidad mundial, incluyendo especies únicas y plantas con alto valor medicinal. Además, cumple un rol fundamental en el ciclo del agua, generando vapor que alimenta las lluvias en gran parte de Sudamérica.

Pero más allá de su valor ecológico, la Amazonía es también vida, cultura y conocimiento. Los pueblos indígenas, verdaderos guardianes de la biodiversidad, han desarrollado durante siglos prácticas sostenibles que garantizan el equilibrio entre el ser humano y su entorno. De este ecosistema dependen alimentos, medicinas —más de 3,000 plantas con usos medicinales— y una identidad cultural profundamente ligada a la naturaleza. La degradación del bosque no solo implica pérdida ambiental, sino también ruptura social y cultural.
La conservación de estas áreas no es una opción, es una necesidad urgente. Defenderlas es proteger no solo al planeta, sino también la dignidad y el futuro de quienes habitan la cuenca amazónica.
Desde VOCES, reiteramos nuestro compromiso: no callar frente a decisiones que comprometen el patrimonio natural del país. Hoy más que nunca, el Perú necesita fortalecer su institucionalidad, respetar la evidencia y entender que la verdadera riqueza no se mide en barriles de petróleo, sino en la capacidad de sostener la vida.
Archivar el PL 11822 no es una consigna política, es un acto de responsabilidad histórica. Por el bien de todos, por el bien de la patria.



