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En San Martín se reduce la anemia infantil, pero sigue por encima del promedio nacional: ¿Qué estamos haciendo mal?

La anemia infantil sigue siendo una de las más graves amenazas para el desarrollo del país. Según el Índice de Competitividad Regional (INCORE), 18 de las 25 regiones del Perú registran tasas de anemia infantil más altas que en 2019, evidenciando un retroceso preocupante. En 2024, el 35.3 % de los niños de 6 a 35 meses padece anemia, superando el nivel prepandemia (31.4 %).

San Martín, junto con Junín, fue una de las pocas regiones en reducir la prevalencia: pasó de 46.4 % en 2019 a 38.5 % en 2024. Sin embargo, este indicador todavía se mantiene por encima del promedio nacional, lo que plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas públicas y los programas de alimentación.

La anemia infantil no es un simple dato estadístico. Su impacto es devastador: limita el desarrollo cognitivo, reduce la capacidad de aprendizaje, debilita el sistema inmunológico y condiciona el futuro de miles de niños. Un niño con anemia no solo rinde menos en la escuela, sino que arrastra desventajas que perpetúan el círculo de la pobreza.

El Estado invierte millones en programas de alimentación escolar, pero surgen dudas: ¿cumplen realmente su función? Padres y docentes coinciden en que muchos estudiantes prefieren comida chatarra, gaseosas y mayonesa del kiosco escolar, dejando de lado el alimento balanceado que se les entrega. Entonces, ¿estamos frente a una deficiente estrategia de sensibilización o a un gasto público que se diluye en esfuerzos poco efectivos?

En esta región, el papel de entidades como Digemid, las UGEL y la Defensoría del Pueblo resulta clave. Sin embargo, ¿están cumpliendo con acciones concretas y sostenibles para combatir la anemia? Se requieren campañas integrales que incluyan no solo la entrega de alimentos, sino también educación nutricional para padres y docentes, control real de suplementos de hierro y mayor fiscalización en escuelas y comunidades.

Si San Martín logró reducir sus cifras, pero aún mantiene 38.5 % de niños anémicos, ¿qué pasa en el resto del país? El informe evidencia regiones como Amazonas, donde la anemia creció 13 puntos porcentuales, o Puno, que pasó de 42.8 % a un alarmante 53.1 %.

La anemia infantil sigue siendo un enemigo silencioso, que mata futuro y oportunidades. La gran pregunta es: ¿seguiremos tolerando que los niños crezcan con desventajas irreversibles mientras el Estado gasta millones sin lograr un cambio sustancial?

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