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En San Martín tenemos desafíos estructurales: La deuda social con la infancia

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, los niveles de anemia infantil en menores de tres años en la región superan el 42% de nuestra población.

Las preocupantes estadísticas de vulnerabilidad económica en nuestra Amazonía nos obligan a replantear las políticas de desarrollo humano, mirando hacia la riqueza nutricional de nuestra propia tierra como pilar de salvación.

El reciente panorama expuesto a nivel nacional sobre las carencias económicas encuentra un eco profundo y alarmante en nuestra propia realidad. Tal como se advierte en las evaluaciones socioeconómicas de este año, la vulnerabilidad monetaria dista mucho de ser un problema superado.

En la región San Martínlas cifras oficiales revelan una cruda paradoja: a pesar de ser una zona con un dinamismo comercial agrícola en crecimiento, cerca del 26.5% de la población regional aún se encuentra atrapada bajo la línea de la pobreza monetaria.

Esta realidad frustrante golpea de manera multidimensional y no discrimina provincias, extendiendo sus secuelas desde las periferias urbanas de Tarapoto y Moyobamba hasta las comunidades más alejadas de las cuencas de los ríos amazónicos, donde el acceso a servicios básicos sigue siendo un privilegio pendiente.

Detrás de estos fríos porcentajes macroeconómicos se esconde el rostro más doloroso de la desigualdad: la desnutrición y la desatención crónica de los más vulnerables.

El impacto en la niñez sanmartinense es devastador. Según los últimos reportes del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI)los niveles de anemia infantil en menores de tres años en nuestra región superan la alarmante cifra del 42%, un indicador que compromete directamente el desarrollo cognitivo y el futuro de toda una generación.

Ningún político ni autoridad regional en el último lustro ha sabido estructurar una estrategia firme que logre articular de manera eficiente los recursos públicos para frenar este flagelo, dejando a miles de niños expuestos a una condena de limitaciones biológicas y formativas irreversibles.

Resulta incoherente que, habitando una de las despensas biológicas más ricas del país, nuestras infancias padezcan desnutrición crónica. Frente a la ineficiencia de los programas asistenciales centralistas, la solución más sostenible reside en la revalorización de los recursos nativos de alto valor biológico que crecen en nuestro propio suelo. La diversificación productiva y el consumo de alimentos oriundos surgen como la principal defensa soberana contra la desnutrición. Productos emblemáticos de la zona como el sacha inchi, con su extraordinario contenido de ácidos grasos esenciales omega 3, 6 y 9, constituyen una herramienta fundamental para potenciar el desarrollo cerebral de los lactantes y escolares, representando una alternativa económica y sumamente accesible para las canastas familiares de los sectores de menores recursos.

No se puede ignorar el valor nutricional del camu camu, cuya altísima concentración de vitamina C triplica las defensas del sistema inmunológico de los infantes, protegiéndolos contra las constantes infecciones respiratorias que agudizan los cuadros de anemia. A este superalimento se suma el cultivo del cacaoque más allá de ser un motor de exportación agraria en el Huallaga, provee un invaluable aporte de minerales esenciales como el hierro y el magnesio cuando es consumido de forma pura y artesanal en las mesas locales.

Es indispensable reorientar los hábitos de consumo hacia estos superalimentos locales en lugar de depender de productos procesados de baja calidad que saturan los mercados populares.

Finalmente, el fortalecimiento de la soberanía alimentaria infantil demanda la incorporación masiva de frutos versátiles como la pituca, sacha papa, harina de plátano, palmito y el consumo de verduras orgánicas fuentes naturales de proteínas, grasas saludables y carbohidratos complejos indispensables para la energía diaria de los menores en etapa escolar.

El Gobierno Regional de San Martínlas municipalidades provinciales y quienes aspiran a ser autoridades deberían de ir planificando proponer dejar de lado las iniciativas de corte netamente clientelista y demagógico, concentrando sus esfuerzos presupuestales en la implementación de cocinas comunales basadas en insumos endémicos. Solo rescatando el valor alimentario de nuestra biodiversidad regional podremos sanar las profundas fracturas socioeconómicas y garantizar un futuro digno para la infancia de nuestra región. Fuentes: INEI – MIDIS – ISN

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