El capitán de Alianza Lima dio un paso al frente tras la eliminación de la Copa Libertadores y reivindicó el valor de asumir responsabilidades en la derrota, incluso cuando el resultado deja heridas abiertas.
La noche que prometía redención terminó en silencio y reproches en Matute. Alianza Lima quedó fuera de la Copa Libertadores tras empatar 1-1, un resultado que supo a derrota definitiva y que dejó en el centro de la tormenta a su máximo referente: Paolo Guerrero. El capitán íntimo no esquivó los micrófonos ni la autocrítica. Por el contrario, eligió enfrentarla con una frase que resonó más fuerte que el propio resultado: “La culpa es mía”.
El momento que marcó el partido llegó a los 39 minutos, cuando el árbitro sancionó un penal a favor del conjunto blanquiazul. El estadio entero esperaba que el histórico goleador, apodado el “Depredador”, tomara el balón. Sin embargo, la responsabilidad recayó en el ecuatoriano Eryc Castillo, cuyo remate fue contenido por el arquero rival. La jugada cambió el pulso del encuentro y encendió la incredulidad en las tribunas.
En zona mixta, Guerrero explicó su decisión con una honestidad poco habitual en noches de eliminación. “No me sentía con confianza, venía con desgaste. La culpa es mía por no patear”, confesó, recordando incluso un penal fallado ante Talleres en 2025, episodio que —según admitió— influyó en su duda. Pero la autocrítica no quedó allí. “Debí patear igual”, sentenció el delantero, consciente de que el liderazgo se mide en esos instantes límite.
El empate parcial llegó con el tanto de Luis Advíncula, pero el infortunio del portero Alejandro Duarte y el gol rival sellaron la eliminación. En La Victoria no hubo celebración, solo preguntas sobre decisiones, jerarquías y carácter en momentos decisivos.
Tras el pitazo final, un sector de la hinchada expresó su molestia contra el capitán. Para muchos aficionados, resultó incomprensible que el futbolista con mayor experiencia y efectividad desde los doce pasos no asumiera la ejecución. Las críticas no tardaron en multiplicarse, reflejo de la frustración por quedar fuera ante un rival que, en el papel, parecía accesible.
Sin embargo, más allá del error o la duda, la figura de Paolo Guerrero volvió a exponer la dimensión del liderazgo: asumir la responsabilidad cuando el resultado es adverso. En el fútbol, como en la vida, el capitán no siempre acierta, pero su valor se mide por su capacidad de dar la cara. Y en una noche amarga para Alianza Lima, el “Depredador” eligió hacerlo.



