Por Willian Gallegos Arévalo
Tarapoto es el pueblo con su historia inconclusa, porque las referencias puntuales se basan en suposiciones y especulaciones casi siempre estrambóticas, como falaces. Además, su crecimiento cultural es pobre, si es que tuviera alguna expresión que le sea particularmente propia. En otras palabras: tiene una orfandad terrible de manifestaciones culturales. Pero no es su culpa.
En su historia, Tarapoto tiene cosas pendientes y que no se abordan, por las razones que sean: indiferencia, apego ciego a la modernidad y donde se deja la historia solo para las especulaciones, miedo a pelear, discrepar o mezquindad. No puede exhibir nada propio que la llene de orgullo. De otro lado, la fecha de fundación de Tarapoto solo se basa en una referencia hecha casi al azar; y, para rematar este desmadre que es el nombre de “Tarapoto”: una tesis que debe demostrarse. Y esto último es lo que le he propuesto formalmente a la actual alcaldesa y, como siempre, ninguna respuesta.
Todos los desaciertos en el manejo de la ciudad de Tarapoto nos habrían llevado a la situación de que hemos “perdido la chaveta”; o sea, no tenemos control para gestionar el desarrollo armónico y sostenible –económico, social y ambiental–, y a los políticos pareciera no importarles. Tenemos una ciudad que ya se ha convertido en casi caótica: sin espacios libres, sin parques, sin acceso libre a las fajas marginales de nuestras quebradas y lagos y, sin un bosque urbano propio donde la población podría haber accedido con libertad a solazarse con la naturaleza. Todos quisiéramos a Tarapoto como una ciudad amigable y que nos pertenezca: le pertenece al abusivo.
Pero el fútbol nos saca de la rutina y de las desesperanzas. Y quiero terminar la historia del “Boys Tabacones”. Salomón Yengle Rodríguez lo recordaría en su libro de memorias que este club era prácticamente la selección tarapotina, donde Ricardo Mozombite Pinchi estaba acompañado por verdaderos monstruos del fútbol. Y respecto a Ricardo, en 1959 llegó a Chazuta, como técnico del Estanco del Tabaco y jugó por el “Sport Progreso”. Para este gran jugador, la pelota era su diosa y a la que parecía idolatrarla. Y como todos los grandes caen, le llegaría el turno a este gran equipo de futbol donde se asoció el deporte con el trabajo.
Aunque no tenemos la fecha precisa –pero debió ser en 1961–, llegó la tarde fatídica para el Boys Tabacones. Serían protagonistas: Ricardo Mozombite, Reninger García García, Víctor Ushiñahua Torres, Alberto Leonel Fasanando Tenazoa, Juan Rubio López, Víctor Quiñe Navarro, Abelardo Fasanando, Napoleón Cárdenas Bardales, Manuel Perea Flores, Andrés Fasabi, Carlos del Castillo Paredes, Abdón Ramírez Gronerth, entre otros. Y ocurrió este desastre cuando, en un partido clave de la liga tarapotina, el Boys Tabacones perdió 1-0 ante el Unión Católica, y es cuando se produce un escándalo tremendo porque el famoso club no aceptó su derrota. Según la información de Palermo Delgado Fernández, que jugaría esa tarde, el ingeniero Manuel del Carpio, dueño, director, administrador y entrenador, disolvió el equipo entrando a ser parte de la leyenda. (Comunicando Bosque y Cultura).



