Por Willian Gallegos Arévalo
La historia no es solamente la descripción de esos hechos casi formales que tienen que ver con los temas políticos, sino esas vivencias cotidianas que le dan significado a nuestras vidas. Por ejemplo, el reciente proceso electoral (junio 2026) nos dará referencias de todas las impertinencias y zafiedades de algunos autoproclamados intelectuales y cultos.
Entonces, para variar, en este artículo destacaremos, sin ninguna pretensión académica, esos hechos que todavía son parte de las conversaciones de la gente ya un poquito mayor pero que ha sabido disfrutar de la vida, y lo sigue haciendo.
Nicolás Aler trajo (1960) la primera rockola y fue, también, quien puso la primera chupetería que lo ubicó en la esquina de los jirones Gregorio Delgado y Jiménez Pimentel. No nos olvidemos que las calles de Tarapoto se renombraron en el año de 1954. La rockola fue una de las innovaciones musicales de la tecnología que asombró a los tarapotinos
El profesor Kieffer Santander Pérez, temible profesor de matemáticas en el colegio Jiménez Pimentel, le hace una prueba oral a David Villa y le pregunta: “¿Cuánto es 1/4 + 2/4 + 5/4?”. La respuesta que dio fue: “¡Un hotel, profesor!”.
Gonzalo Hidalgo Iberico (Rioja, 25.03.1930) fundó el periódico “La Montaña” en 1961. Con Herbert Hugo
Arévalo Bartra, en 1964, fundaron en Lima la Federación de Estudiantes del Oriente Peruano.
¡Qué vuelta le pasa al Alshico Paredes…! ¡Sale corriendo de la cancha a tomar su gaseosa ´Las Delicias´! [Propaganda en Radio Tropical].
Raúl del Castillo, preparaba el bisteck encebollado más sabroso de Tarapoto. Lo reemplazó el popular Eledodoro. Nunca sería superado. [En el restaurante Aching, el más prestigioso y exclusivo de los sesenta].
En 1956 llega a Tarapoto, la primera delegación de las madres de la congregación compasionista, compuesta por cinco religiosas, quienes tendrían una labor encomiable en la educación religiosa y como maestras. María Jesús Iriarte, Rosa Urrutia; Guadalupe Gama Blanco, directora del colegio Ofelia Velásquez”, Teresa Ruíz y Anunciación.
Don Alfonso Navarro Vásquez, conocido como “La Ñatita”, tenía su peluquería en la primera cuadra del jirón Jiménez Pimentel, a escasos metros de la Plaza de Armas. En su establecimiento se cortaban el cabello los de la alta sociedad tarapotina. Vendía historietas al precio de cuatro soles y había material “más serio”, para sus exclusivos clientes que llegaban a atenderse. Las historietas o “chistes”, como también se los conocía, eran para los niños y adolescentes o viejos ociosos. Don Alfonso también llegaría a desempeñarse como Juez de Paz de Primera Instancia, que no era poca cosa. (Comunicando Bosque y Cultura).



