Por Willian Gallegos Arévalo
Antes de comenzar el segundo tiempo del partido Eloy Ruiz Trigoso, adoptando su pose clásica se puso las manos en la cintura, reflexionando sobre la responsabilidad que tenía en sus hombros; mejor dicho, en sus piernas y en su coraje.
Al salir al gramado, Eloy miró hacia las tribunas y pareció reconocer a algunos paisanos quienesparecían esperar la hazaña. Esos cuarenta y cinco minutos era el tiempo que necesitaban. Los otros equipos, como el Atlético Grau, León de Huánuco, Deportivo Junín y Cienciano, no tenían importancia en esos momentos. Y la tensión volvió al escenario cuando la pelota comenzó a rodar ante la mirada expectante de más de cuarenta mil almas. No era igual jugar en una cancha de pueblo, como hacerlo en un escenario donde habían jugado Pelé, Garrincha, Sívori, Artime. Ademir da Guía, Vavá, Manga, Seminario, Loayza, Ángel Uribe, Sotil, Cubillas, entre otros. El reto era tremendo y un selvático que se estime es rey en todas las canchas.
Había comenzado el segundo tiempo. Una feroz arremetida arequipeña es frenada con una armoniosa combinación de Eloy Ruíz, Oscar Acosta y Orestes Saldaña. Juan “Chocho” Abril tardó en darse cuenta de la filigrana que hicieron los juanjuinos para cortarle la jugada, pero ya era tarde. De la pelota se posesionó Seclén quien, hábilmente, cedió a Canicio Fernández que amagó para intentar un pase largo a “Kerosene” Rodríguez, pero se interpuso Alvarado cortando
la jugada. En esos primeros cinco minutos los once gladiadores selváticos sabían que podían, cuando Ismael Vergara llama a Manuel Tello y a Carlos Cáceda a quienes da instrucciones precisas. En su clásica manera, ya conocida en él, Manuel hace unas breves calistenias: sabía que esperaban mucho de él, pues estaba como apoyo procedente del Unión Zona Agraria, de Tarapoto. Y a los ocho minutos se produce el cambio por Walter Lescano y Canicio Fernández, respectivamente. Y este cambio sería estratégico.
A pesar que desde el primer tiempo el Cultural Juanjui, habiéndose repuesto de ese gol casi tempranero del Deportivo Carsa, estaba demostrando que no era un hueso difícil de roer y siguió presionando y ya solo se producían esporádicos contragolpes arequipeños, quienes pretendían imponer sus condiciones de superfavoritos. Los selváticos, que ya se habían ganado a la afición, desarrollaban un juego armonioso de conjunto. En las tribunas, junjuinos, saposoinos, bellavistanos, tarapotinos y lamistos alentaban con furor a sus bravos jugadores. Eran momentos de rabiar por la emoción llevada al máximo, pues el equilibrado desplazamiento de los del Cultura Juanjui ahogaban todo intento del Carsa de reorganizar sus líneas. Ni el ingreso de Ernesto Neyra pudo darle fuerzas a los del Misti, quienes poco a poco se estaban dando cuenta que esos bravos otorongos harían honor al coloso felino de los bosques.
Y así llegaron los 35 minutos del segundo tiempo, con el Carsa pugnando ya solo con mantener esa magra ventaja del 1 a 0. Minutos después llegaría el drama arequipeño. (Comunicando Bosque y Cultura).



