Por Willian Gallegos Arévalo
Leemos en el Semanario San Martín, del sábado 22 de noviembre de 1941 que, a mediados del mes de noviembre de 1941, Elmer Faucett visitó Moyobamba para informarse sobre la realidad socioeconómica del departamento de San Martín.
Al enterarse Faucett que una distinguida dama moyobambina había perdido la vista, y que viajaba a Lima, ordenó que le expidieran un pasaje gratis Moyobamba-Lima. Este gesto grafica la grandeza de este visionario ciudadano norteamericano que hizo del Perú su segunda patria y que no se le ha reconocido como se debe. Pero así somos.
La compañía aérea Faucett prestaría grandes servicios; a la región San Martín, especialmente. En Tarapoto, desde finales de los años sesenta del siglo pasado, su agente sería don Luis del Águila Fernández, natural de Huánuco, continuando al frente Juan Carlos del Águila Bartra, cuando la compañía deja de operar a finales de los noventa del siglo pasado. Pero es importante destacar que en agosto de 1937 se le autoriza a la compañía Faucett a prestar servicios aéreos terrestres en la ruta Chiclayo-Iquitos, haciendo escala en Jaén, Chachapoyas, Tarapoto y Yurimaguas y, desde esta ciudad con hidroaviones hasta Iquitos. Antes de los aviones terrestres, para el servicio de los hidroaviones en Moyobamba estaba el puerto Tahuishco, y para Tarapoto, el lugar de acuatizaje estaba en el puerto Tingana, en Juan Guerra. Esta localidad tendría una importancia estratégica en la región cuando, desde los años cuarenta. el lugar conocido como Puerto Arce sería un puerto de gran importancia para el despegue comercial y cultural de Tarapoto.
Desde el momento en que dos compañías aéreas competían en el entonces departamento de San Martín, el deseo de no quedarse atrás despertó en los pueblos de San Martín el afán de contar con campos de aterrizaje. Al parecer, Chazuta sería el primero en tener su campo de aterrizaje en el año de 1938, y el primer vuelo se haría desde Yurimaguas. Al finalizar los treinta, Lamas se suma al furor del desarrollo. Y para no quedarse atrás, Sauce también contaría con su campo de aterrizaje y recordamos el viaje de los integrantes de la orquesta Bombay, cuando en 1972 llegan a Chazuta desde Sauce, en un vuelo de urgencia, para amenizar la fiesta patronal al haberles fallado una conocida orquesta tarapotina. Como siempre, don Santiago Torres Murrieta, su director, llegaría con sus lentes ahumados. Y, como músico, era un auténtico Casanova.
Desde la década de los cincuenta la región San Martín se llenaría de campos de aterrizaje. Nadie quería perder el tren de la historia. Sin embargo, la ruta descollante sería el del Huallaga, en el itinerario Tarapoto, Pucacaca, Picota, Bellavista, Saposoa, Juanjui, Tocache, Trujillo y Lima. El valle del Sisa no se quedaría atrás. Pero lo trágico: esos antiguos campos de aterrizaje desaparecieron y se urbanizaron perdiéndose la oportunidad de convertirse en bosques urbanos. Nuestra tragedia de siempre. (Comunicando Bosque y Cultura).



