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Incertidumbre se mantiene a 20 días del proceso electoral: Alto porcentaje de indecisos y votos inválidos marca la contienda

El estudio de opinión pública electoral (13 al 17 de marzo de 2026) revela el 21.1% aún no sabe por quién votar y un 16.4% optaría por ninguno, blanco o viciado, en un escenario con múltiples partidos que fragmentan el voto y una marcada apatía ciudadana.

A menos de tres semanas de las elecciones presidenciales, la incertidumbre sigue dominando el escenario político. Según la última medición de Datum Internacional, la intención de voto muestra un panorama altamente fragmentado, donde ningún candidato logra consolidar una ventaja clara y, más preocupante aún, donde predominan los votos indecisos y las opciones de rechazo al sistema político.

En el primer lugar aparece Keiko Fujimori con 11.9%, seguida muy de cerca por Rafael López Aliaga con 11.7%, configurando un empate técnico. Más atrás se ubican Alfonso López Chau con 6.5%, Carlos Álvarez con 5.0% y Jorge Nieto con 4.6%, lo que evidencia una marcada dispersión del voto.

No obstante, el dato más contundente está en el comportamiento del electorado. El grupo de “ninguno, blanco o viciado” alcanza un 17.7%, mientras que el segmento de “no sabe” llega al 18.1%, superando ampliamente a cualquier candidato individual. En conjunto, estos bloques reflejan que más de un tercio del país aún no tiene una decisión definida o expresa rechazo frente a la oferta política.

La tendencia se acentúa en ciertos sectores. Entre las mujeres, el “no sabe” sube a 22.4%, mientras que en el ámbito rural alcanza un preocupante 29.5%, el nivel más alto registrado. En paralelo, el voto de rechazo también es elevado, con 19.7% en mujeres y 18.2% en zonas urbanas, consolidando un escenario de desafección política.

A nivel territorial, el oriente peruano —clave en el mapa electoral— muestra un comportamiento similar: 21.1% de indecisos y 16.4% de voto de rechazo, cifras que reflejan una ciudadanía que aún no se siente representada por los candidatos en carrera.

La fragmentación responde, en parte, a la presencia de numerosas organizaciones políticas en competencia, lo que diluye las preferencias y dificulta la consolidación de liderazgos. A ello se suma la desconfianza en las instituciones, el desgaste de la clase política y la apatía de un amplio sector de la población.

En este contexto, la campaña entra en su fase decisiva con más incertidumbre que certezas. El peso de los indecisos y del voto de rechazo no solo anticipa un resultado abierto, sino también plantea un serio desafío para la gobernabilidad del próximo gobierno, que deberá reconectar con una ciudadanía cada vez más distante del sistema político. Fuente: El Comercio – Datum Internacional

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