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sábado, junio 15, 2024
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KHALIL GIBRAN: POETA LIBANES COSMOPOLITA. “EL LOCO”

“EL PROFETA”. Es la obra más popular, famosa, y emblemática del poeta libanés. Toda su obra es una mezcla de lirismo y misticismo, del uso de formas delicadas y pensamientos elevado y profundos.

La profetiza Almitra pide a Almusatafá el profeta, que comunique al pueblo su sabiduría. Almustafá diserta acerca del amor, la justicia, la muerte, el matrimonio, la tristeza y alegría, la religión, el trabajo, etc.

Cada frase poética es profunda y sentenciosa y guarda una toral fidelidad con la tradición del pensamiento árabe. Esta obra pertenece a aquellas que expresan los elevados valores del humanismo. Por eso se ha dicho que es el fruto de un espíritu universal y cosmopolita, abierto a las interrogantes y los más grandes avatares del hombre. La depuración y condensación de cada sentencia nos recuerda a los versículos bíblicos de Salomón. “El arte –dijo- debe ser una comunicación directa entre la imaginación del artista y la del observador”.

Sin embargo despertó críticas opuestas: “mientras unos ven sus pensamientos peligrosos y nocivos para los jóvenes, otros consideran que en ellos coexisten resonancias de Jesucristo y de los evangelios”.

“EL LOCO” es un conjunto de relatos y fábulas de un personaje especial que es rechazado por loco, porque las verdades que enuncia duelen y no quieren ser escuchadas por los hombres, ya que ponen en riesgo y discusión las apariencias y los hipócritas convencionalismos sociales. Es un valiente canto de libertad y lo hace recurriendo a historias en las que se mezcla el mito con la fábula.

Nuestro “Loco” Destaca que solo en la soledad es posible hallar la paz y la alegría. Gibran, que en otras obras predicaba la tolerancia, es aquí, a causa de su sinceridad, objeto de incomprensión. La crueldad alcanza incluso a las Sagradas Escrituras; y es que la bondad y la maldad se confunden muchas veces entre sí. El “Loco”, el auténtico lúcido, no le queda otro recurso que la soledad para evitar ser malinterpretado. “Solo nos queda el diálogo amoroso con nuestra tristeza y nuestra alegría”.

En “Sueños”, Khalil Gibran es como si nos dijera: no confundir sueños con ideales, ni ideales con valores efectivos y autenticos; más allá de creencias y supersticiones equívocas en las que muchas veces han caído incluso grandes hombres y culturas.
“’¿Por qué te preocupas por interpretar lo que en el profundo dormir sueñas?”, distingue las utopías de las realidades, la divagación del ensueño con los logros de la paz, felicidad y concordia en este mundo lleno de odios y conflictos.

SUEÑOS.
Un hombre tuvo un sueño y una vez despierto visitó a un adivino para pedirle que se lo descifrara.
El adivino dijo al hombre:
–Ven a mí con los sueños que contemples en tus momentos despiertos y te explicaré sus significados. Pero los sueños de tu dormir no pertenecen ni a mi sabiduría ni a tu imaginación.
En “Vestiduras” el poeta se vale de una fábula y parece advertirnos como hace Saint Exupery en “El Principito”. “Solo es real lo que ves con los ojos del corazón”.
Sobre todo en el mundo moderno-actual, en donde en casi todo predomina el maquillaje, el barniz externo de lo superficial que esconde tanta hipocresía e impostura, lo falso pronto a confundirnos con lo verdadero y auténtico. De allí su mensaje profundo y sentencioso contra la incomprensión, la intolerancia y la violencia.

VESTIDURAS.
La Belleza y la Fealdad se encontraron cierto día a orillas del mar. Y se dijeron:
–Bañémonos en el mar.
Se desvistieron y nadaron en las aguas. Un momento después la Fealdad regresó a la orilla y se vistió con las ropas de la Belleza. Y se marchó.
Al salir la Belleza de las aguas, no halló sus vestiduras. Era demasiado tímida para permanecer desnuda, así que se vistió con las ropas de Fealdad. Y la Belleza también siguió su camino.
Así hasta el día de hoy hombres y mujeres suelen confundir a la una con la otra.
Algunos hay, sin embargo, que contemplan el rostro de Belleza y se dan cuenta que no lleva sus vestiduras. Y algunos otros que conocen el rostro de la Fealdad, y sus ropas, no lo ocultan a sus ojos.

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