Frente a la crisis climática, comunidades indígenas impulsan organización, normas propias y acceso directo a financiamiento para proteger bosques y garantizar su resiliencia.
En un contexto marcado por sequías, inundaciones y pérdida acelerada de bosques, los pueblos indígenas de la Amazonía peruana vienen demostrando que la respuesta más efectiva frente al cambio climático puede surgir desde el propio territorio. En la región San Martín, las comunidades kichwa han dado un paso clave al fortalecer su organización comunal, integrar saberes ancestrales y avanzar hacia una mayor autonomía en la gestión climática.
Este proceso es liderado por la Coordinadora de Desarrollo y Defensa de los Pueblos Indígenas de San Martín (CODEPISAM), en articulación con el Consejo Étnico de los Pueblos Kichwa de la Amazonía (CEPKA) y la Federación de Pueblos Indígenas Kechwas de la Región San Martín (FEPIKRESAM). Juntas, estas organizaciones impulsan nuevas normas comunales que incorporan medidas concretas para la protección del agua, conservación de bosques, vigilancia territorial y respuesta ante emergencias climáticas.
Uno de los ejes centrales de este avance es el fortalecimiento de la gobernanza interna. Las nuevas reglas promueven una participación más inclusiva de mujeres, jóvenes y sectores históricamente relegados, consolidando una toma de decisiones más representativa en escenarios de creciente presión ambiental.
En paralelo, se ha logrado una articulación con entidades públicas como el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI), la Oficina Regional de Seguridad y Defensa Nacional (ORSDENA) y la Autoridad Regional Ambiental (ARA), con el objetivo de acercar la respuesta institucional a la realidad de las comunidades amazónicas y facilitar la implementación de los nuevos estatutos.
Entre los avances más relevantes destaca la base para implementar sistemas comunitarios de alerta temprana, fundamentales en territorios expuestos a lluvias intensas, deslizamientos y crecidas de ríos. Esta estrategia combina conocimiento ancestral, información técnica y coordinación interinstitucional, reforzando la capacidad de respuesta ante eventos extremos.

Estas acciones forman parte del proyecto Cuencas Vivas, financiado por el Fondo de Adaptación, que entre 2024 y 2025 ha canalizado cerca de USD 750 mil en subdonaciones y alrededor de USD 1.5 millones en fondos concursables, destinados a iniciativas de adaptación climática, seguridad alimentaria, reducción de emisiones y protección de ecosistemas.
El modelo impulsado por Profonanpe busca que las organizaciones indígenas fortalezcan sus capacidades administrativas y financieras para acceder directamente al financiamiento climático, reduciendo intermediaciones y consolidando su autonomía. El objetivo es que los pueblos indígenas pasen de ser beneficiarios a actores clave en la toma de decisiones.
Los resultados ya son visibles. Con apoyo de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) y financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se ha avanzado en el saneamiento físico-legal de 25 comunidades nativas, fortaleciendo la seguridad territorial frente a amenazas como la tala ilegal y las invasiones.
Asimismo, se han desarrollado metodologías innovadoras para la toma de decisiones sobre cambio climático, incluyendo herramientas pedagógicas como el juego “Territorios Vivos”, orientado a formar liderazgos jóvenes preparados para enfrentar los desafíos ambientales.
En el marco de iniciativas conjuntas con organizaciones como AIDESEP, CONAP y ANECAP, también se han impulsado economías sostenibles, logrando conservar más de 3,700 hectáreas de cultivos como cacao y café, asegurar 18,300 hectáreas bajo manejo forestal comunitario y fortalecer iniciativas de bioeconomía indígena, muchas lideradas por mujeres.
De cara al 2026, Profonanpe continuará consolidando su rol como mecanismo técnico-financiero. En una Amazonía cada vez más presionada, la experiencia de los kichwas de San Martín deja una lección clara: proteger los bosques implica fortalecer a quienes los habitan, los cuidan y los defienden desde hace generaciones.



