¡Fuego en la puerta de casa!
Cuando la naturaleza clama auxilio por la sequía y la mano humana enciende la chispa del desastre, el fuego no solo arrasa con nuestros bosques y nuestra historia, sino que vulnera el futuro de nuestros niños; la verdadera tragedia no es que el clima cambie, sino que sigamos siendo indiferentes ante las cenizas de nuestra propia casa.
El Perú enfrenta un escenario crítico de incendios forestales hasta abril de 2027 debido a El Niño y al calentamiento del Niño 3.4. El Plan Multisectorial 2025-2027 advierte que más de un millón de personas en 750 distritos están expuestas; el especialista Markristian Madariaga detalla que 511,000 personas viven en riesgo muy alto (142,000 en Puno) y 567,000 en riesgo alto (115,000 en Cajamarca).
Esta vulnerabilidad se agrava por la reducción de lluvias, la pérdida de humedad vegetal del 6 % al 12 % y olas de calor costeras de 6 a 8 °C por encima de lo normal. Sin embargo, el 98 % de los incendios tiene origen humano por quemas agrícolas descontroladas. Históricamente, más de 2 millones de hectáreas fueron arrasadas entre 2013 y 2024, con el 44 % en los Andes.

El impacto humano y patrimonial es severo: UNICEF Perú reporta cerca de 243 000 menores afectados por humo tóxico en Amazonas, San Martín y Ucayali, junto a 2 300 sitios arqueológicos y 2,3 millones de hectáreas agrícolas amenazadas. Hacia el futuro, el IPCC proyecta que los incendios subirán un 14 % para 2030 y un 50 % a fin de siglo.
La prevención urgente se consolida como un imperativo ético de supervivencia frente al fuego impulsado por la mano humana.
Apagar el fuego exige mucho más que agua y bomberos: requiere apagar la irresponsabilidad humana antes de que el país entero quede reducido a humo.



