Carta a una señorita en París, es el segundo cuento del libro Bestiario de Julio Cortázar, donde el protagonista comunica a la dueña del departamento que habita, que vomita conejitos y que convive con ellos.
Sobre el autor
Julio Florencio Cortázar (Argentina 1914 – 1984). Es considerado maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general. En su novela Rayuela transita de lo real a lo fantástico, del surrealismo al realismo mágico. Publicó Bestiario en 1951, Historia de cronopios y de famas en 1962, Rayuela en 1963, Salvo el crepúsculo en 1984.
Carta a una señorita en París (extracto)
“Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento porque me es amargo entrar donde alguien que vive bellamente, donde todo está en su preciso sitio… Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse al orden minucioso que una mujer instaura en su residencia. Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío para enterarla que vomito conejitos. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. Cuando siento que voy a vomitar meto los dedos de la boca y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento. Busca de comer y entonces yo lo saco al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico.”
Cuando subía las escaleras vomité el primer conejito
Cuando me mudé: “Al cruzar el tercer piso rumbo a su departamento vomité un conejito que se movía en mi mano abierta. Sara esperaba arriba para ayudarme a entrar las valijas. Envolví el conejito en mi pañuelo y lo puse en el bolsillo del sobretodo. Sara no vio nada. El conejito era blanquísimo, lo encerré en el botiquín vacío y me volví para desempacar. Pero esa misma noche vomité un conejito negro y dos días después uno blanco, y a la cuarta noche un conejito gris. Hoy son diez conejitos y ahora los tengo en el bello armario de su dormitorio. De día duermen su noche con la puerta cerrada. Su día principia después de la cena cuando los dejo salir, lanzarse ágiles al asalto del salón, oliendo vivaces el trébol que ocultan mis bolsillos. Comen bien, callados y correctos, saltan por la alfombra, por las sillas. Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas. Han roído un poco los libros del anaquel más bajo. A las cinco de la mañana los pongo en el armario y hago la limpieza.”
Royeron los libros, la alfombra, las cortinas, los sillones
“Anoche di vuelta los libros del segundo estante, royeron los lomos para afilarse los dientes. Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, llenaron de pelos la alfombra y también gritaron, estuvieron en círculo bajo la luz de la lámpara, como adorándome. He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario. No tuve tanta culpa, usted verá cuando regrese, que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo.”
Cortázar desafía a la realidad y a la fantasía
Cortázar desafiando a la realidad y a la fantasía consigue que sus cuentos tengan un sinfín de interpretaciones. En este fantástico cuento cuestiona esquemas de vida demasiados rígidos. Advirtiendo que la llegada de un evento imprevisible (como el nacimiento de conejitos) puede terminar con todo el esfuerzo por disimular lo ordinario de la vida cotidiana. Una vez más brilla con certeza lo que afirma Diógenes, El Cínico: “Somos infelices por demencia propia”
Fuentes consultadas:
Google. Universidad de León. http://b.bibliotecas.unileón.es Google.
Literatura. http://us.literatura.com
Google. Wikipedia. http://es.wikipedia.org
Salazar Orsi, Luis. Inmortalidad de Diógenes. Compilación. Iquitos. 2025



