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La obstetricia en el Perú cumple 200 años: Homenaje a quienes cuidan la vida

Obst. Carmen Lucila Ordóñez Aguirre
Egresada de la Universidad Nacional Mayor de San Marco
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El 10 de octubre de 1826, un decreto firmado por el mariscal Andrés de Santa Cruz, inspirado por Hipólito Unanue, creó la Casa de Maternidad y la Escuela de Partos de Lima, bajo la dirección de la obstetra francesa Benita Paulina Cadeau de Fessel. De aquella escuela proviene hoy la Escuela Profesional de Obstetricia de San Marcos, nuestra alma máter.

En dos siglos, la obstetricia se consolidó como parte esencial del equipo de salud del país. Su mirada no se detiene en la gestante: abarca a la mujer, al niño, a la familia y a la comunidad. Acompaña el embarazo, el parto y el puerperio, prepara a las familias mediante la psicoprofilaxis, orienta en planificación familiar, promueve la lactancia materna y protege a las adolescentes. Está en la primera línea de la prevención y detección temprana del cáncer de cuello uterino y de mama. En los caseríos más alejados, a menudo es la única profesional presente.
Los obstetras ocupan además cargos clave en todo el país: direcciones regionales de salud, direcciones de redes y áreas estratégicas como gestión sanitaria, gestión prestacional, gestión de la calidad, capacitación y epidemiología. Desde allí conducen la salud pública con visión integral.

Celebramos con júbilo y orgullo, pero toda celebración verdadera guarda un espacio para la memoria.

Quiero rendir homenaje a las sanmarquinas que dejaron Lima para servir en la Amazonía y que ya no están: Rosa Ríos López, catedrática de la Universidad Nacional de San Martín; Laura Susana Palacios Enríquez; y Mirtha Pinedo Lomas. Recuerdo también a mi querida obstetra Mery Márquez Zelaya, de la Maternidad de Lima, y a la obstetra Lloy Mery Ríos Ríos, egresada de la Universidad Nacional de San Martín, pero cuya entrega merece hoy todos los honores. Todas sembraron en las aulas, en los servicios y en cada colega que formaron.

Me conmueve el último viaje de Laura Susana. Su cuerpo partió de Iquitos rumbo a Lima con su voluntad escrita: ser útil en el laboratorio de anatomía de la Facultad de Medicina de San Fernando. Quienes pasamos por ese laboratorio sabemos lo que significa ese gesto: quiso seguir enseñando, en silencio, a los obstetras en formación.

Siento nostalgia y orgullo al recordar cómo llegamos. Unas llegamos a San Martín y otras a Iquitos, hermanas de una misma alma máter a quienes la Amazonía recibió con sus distancias y sus ríos. Aquí aprendimos que la obstetricia se ejerce con la presencia.

A todas las obstetras que se fueron, gracias. Gracias por cada vida acompañada, por cada familia escuchada y por cada estudiante a quien le enseñaron a no tener miedo. Su huella no está en una placa. Está en el espíritu de quienes seguimos.

Doscientos años. Y ustedes, colegas, siguen aquí.

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