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lunes, julio 15, 2024
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La presentación del libro

a través del cristal
Willian Gallegos Arévalo
columnista

El asistir casi de manera permanente a la presentación de libros en la ciudad de Tarapoto me produce emociones tremendas y contrapuestas: expectativa por conocer sobre el nuevo libro, así como desazón, frustración y desencanto por encontrarme con casi las mismas personas de siempre. En este segundo caso porque desearía que asistieran más personas a reconocer de alguna manera el esfuerzo de los autores y de los promotores de estos eventos y ser parte de la cadena de ese proceso permanente de aprendizaje.

Y decía desazón porque jamás hemos encontrado a una autoridad educativa, a ningún político casi destacado, a ningún encumbrado periodista, algunos que miran por sobre el hombro a la gente. Pero está la imaginación que hace realidad nuestros sueños y de la presentación de libros acontecimientos memorables.

A la enésima presentación de libros llegué cierta noche acompañado de Carlos Tafur Ruíz cuando nos sorprendió un ensordecedor bullicio que provenía del interior de la Casa Cultural. Al ingresar encontramos a gente departiendo animadamente sobre temas relacionados al libro que debía presentarse esa noche. Un grupo de intelectuales, muchos de ellos, tan bacanes, como algunos encumbrados periodistas, apenas contestaron nuestro saludo. “Maneja bien la sintaxis”, decía uno. “¡Claro! Y no comete anacolutos”, contestaba otro. Un chambón agregaba: “Toca los temas holísticamente e interpreta acertadamente la cosmovisión de ese pueblo nativo”.

A través del cristal
Willian Gallegos Arévalo
columnista

Con Carlos nos paseamos de aquí para allá esperando la oportunidad para meter un poco de nuestra cuchara, procurando ser aceptados en alguno de los grupos intelectuales que se habían formado. Porque, como alguna vez dijera José María Arguedas, existen las mafias intelectuales [como también en las de los expertos ambientales] siendo cotos cerrados para otra gente y que por creerse los únicos descubridores del Santo Grial ningunean a la gente. Y lo sorprendente era que ya comenzaban a llegar funcionarios que algo o mucho tenían que ver con la educación. Incluso, vimos a un auditor.

El alcalde de la ciudad, conocido por parco, se explayaba en un tema que parecía dominar, como es el del desarrollo sostenible; un regidor hablaba del cambio responsable y el futuro diferente. El director de educación comentaba con los directores de varias escuelas sobre cómo motivar la lectura en los niños que ahora ya no leen ni Condorito. Un congresista decía que no podía hacer nada por la cultura, porque sus funciones son otras. “A mí háblenme de revocatorias, cuidar mis negocios, reunirme con mi gente, y si estoy aquí es que ya cumplí mis tareas personales en la ciudad”, afirmaba con la mayor frescura.

El libro que presentaban era bueno, de redacción sencilla y no artificiosa, sin ampulosidades y sin términos rebuscados. Con Carlos nos hicimos preguntas: ¿Cuántos leerán el libro? ¿Las autoridades políticas y educativas se enteran de las presentaciones de libros? Porque aquí estaría parte de ese problema del aprendizaje y lectura del que hablan los “expertos”, quienes, como vendedores de cuentos chinos, solo se dedican a teorizar…con las ideas ajenas.

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