Luis Benavente
Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Magíster en Administración, graduado por la Universidad de Lima. Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional Hermilio Valdizán de Huánuco. Actualmente se desempeña como director ejecutivo de Vox Populi Consultoría y analista político en medios de comunicación nacionales e internacionales.
A 23 días de las elecciones generales del 12 de abril, el escenario electoral peruano presenta una característica inédita, incluso para un sistema político históricamente fragmentado, inestable y sorpresivo: niveles muy bajos de intención de voto, con dos candidatos en los primeros lugares y una docena de candidatos con dos a cinco puntos.
Cualquiera de esa docena podría diferenciarse para ubicarse en el tercer lugar, y apelando al voto estratégico, tendría posibilidades de pasar al balotaje.
Con un nivel muy alto de indecisos, que llega al 35% en las encuestas y estaría llegando al 45% si se agrega el voto móvil o no fidelizado, y con un resentimiento muy profundo de muchos indecisos hacia el sistema político, no se puede predecir qué pueda pasar o cómo se va a canalizar en voto del descontento.
Los indecisos decantan su voto en medio de una batalla electoral muy intensiva con todo tipo de ataques.

Algunas conclusiones a 24 días
Rafael López Aliaga no ha caído por el tema Jerí / Balcázar.
Keiko Fujimori no se ha beneficiado por ese tema.
Una docena de candidatos con dos a cinco puntos, luchan por lograr el tercer lugar y beneficiarse del voto estratégico. Entre ellos, han logrado más visibilidad: Carlos Álvarez, Alfonso López Chau, Wolfgang Grozo y César Acuña y Jorge Nieto.
Wolfgang Grozo y Jorge Nieto son los candidatos que registran la mayor tasa de crecimiento en el último mes, y tienen tendencia en crecimiento.
Las fuertes campañas negativas contra Grozo y Nieto, podrían hundirlos o victimizarlos y favorecerles.
Diez candidatos no llegan a 0.1% de la intención de voto.
Un mapa ideológico claro
Si se observa el escenario desde una perspectiva ideológica, se aprecia que el electorado mantiene ciertas inclinaciones claras. El péndulo está inclinado fuertemente a la derecha, un bloque muy competitivo donde confluyen figuras como Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori, Carlos Álvarez y Wolfgang Grozo, entre otros.
El péndulo nuestro una izquierda reducida en intención de voto, donde Alfonso López Chau ha logrado una ubicación expectante, que podría tener un límite si continúa el crecimiento de Jorge Nieto o si adquiere fuerza Yohny Lescano.
El centro político, representado por figuras como George Forsyth, aparece con menor peso electoral, confirmando que en tiempos de polarización las posiciones extremas son las más fuertes.
En conjunto, esta distribución revela un sistema político donde las identidades ideológicas siguen presentes, pero donde la competencia dentro de cada bloque impide la consolidación de liderazgos claros.

Liderazgos que no logran despegar
Cuando se revisan los datos de intención de voto de las principales encuestadoras, se confirma que los candidatos que encabezan las preferencias mantienen niveles relativamente bajos de respaldo para una elección presidencial en su etapa final. Rafael López Aliaga aparece liderando varias mediciones, mientras que Keiko Fujimori se mantiene cerca.
Más allá de quién ocupa el primer lugar, lo relevante es que ninguno ha logrado establecer una ventaja clara sobre el resto de los competidores.

Una competencia abierta por los puestos decisivos
Una mirada amplia del conjunto de encuestas permite observar que la mayor tensión de la contienda se encuentra en los lugares inmediatamente después de los punteros, con márgenes muy estrechos que hacen tensa e impredecible la disputa.
La disputa (batalla) por el tercer lugar es el factor más crítico en el actual momento de este ultra competitivo escenario electoral. Actualmente hay doce candidatos que tienen entre cinco y dos puntos. Ahí la volatilidad puede ser dramática, dado que pequeñas variaciones que estarían dentro del margen de error estadístico, podrían alterar el orden de los candidatos. Con movimientos mínimos en la intención de voto, cualquiera podría diferenciarse y saltar a un claro tercer lugar, generando voto de indecisos (efecto bandwagon).
El otro elemento clave del proceso es el alto nivel de indecisos. Las encuestas indican que alrededor del 35% de los electores aún no define su voto y, si se considera el llamado voto móvil o no fidelizado, el nivel real de indecisión podría estar en el 45%. Esto implica que una parte significativa del electorado todavía podría modificar sus preferencias en el tramo final de la campaña.

Conclusiones: una elección marcada por la incertidumbre
El escenario descrito configura una elección particularmente abierta. Ningún candidato ha logrado consolidar una ventaja clara y el sistema político continúa mostrando un alto nivel de fragmentación. La disputa por los puestos que permiten acceder a una eventual segunda vuelta sigue siendo competitiva y varios postulantes se mantienen dentro de márgenes relativamente cercanos.
En este contexto, las últimas semanas de campaña adquieren una importancia decisiva. Factores como el desempeño en debates, la visibilidad mediática, la movilización territorial o incluso acontecimientos inesperados podrían modificar las preferencias del electorado.
Con un número significativo de votantes aún sin decisión firme y con candidatos que mantienen niveles bajos de respaldo, el desenlace de la elección del 12 de abril permanece abierto. En un escenario como este, las sorpresas no solo son posibles: forman parte de la lógica misma de la competencia electoral.



