Es muy frecuente que padres acudan a consulta con esta expresión…
Cuando le preguntamos “¿Cuánto de fiebre tiene?”, “Pero ya le di sus gotas o jarabes para la fiebre”. La respuesta más común es “no sé, es que estaba caliente, no le medí la temperatura”.
¿QUÉ ES LA FIEBRE?
La fiebre es el aumento de la temperatura del cuerpo por encima de la normal, y va acompañado por un aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria; manifiesta la reacción del organismo frente a alguna enfermedad.
Corresponde a la elevación de la temperatura corporal por encima de los 37.5 °C pudiendo alcanzar los 42 °C.
La fiebre es una de las molestias más frecuentes, en especial durante la infancia o en personas con alteración del sistema de defensas.
La «fiebrefobia» se refiere al miedo excesivo e irracional que algunos padres y cuidadores tienen a la fiebre en los niños, a menudo acompañado de la aplicación de tratamientos desproporcionados o innecesarios.
Este miedo puede llevar a una gestión inadecuada de la fiebre, incluso cuando ésta es una respuesta natural del cuerpo.
En resumen, la fiebrefobia es un temor infundado a la fiebre que puede llevar a prácticas médicas excesivas o innecesarias.
- El término fue creado en 1980 para describir la preocupación excesiva de los padres sobre la fiebre de sus hijos.
- La fiebrefobia se caracteriza por una acción inadecuada de la fiebre, como el uso excesivo de medicamentos antipiréticos o buscan atención médica innecesaria.
- Los padres con fiebrefobia pueden temer complicaciones graves, como convulsiones febriles, incluso cuando la fiebre es leve o moderada y no hay evidencia de que la fiebre cause directamente estas complicaciones.
- La desinformación y la falta de comprensión sobre la fiebre como respuesta fisiológica pueden contribuir a la fiebrefobia.
- La fiebrefobia puede afectar la calidad de vida de los padres y generar ansiedad y estrés innecesarios.
- Es importante que los profesionales de la salud brinden información precisa y tranquilizadora a los padres para abordar este problema.
BENEFICIOS DE LA FIEBRE
Se ha demostrado que la fiebre 38,5 a 39,5º C:
– Estimula el mecanismo mucociliar, facilita la respuesta inmune, refuerza la fagocitosis, aumenta la producción de interferón antiviral, e incrementa otras funciones de defensa del organismo.
– La fiebre limita la replicación de organismos invasores, debido a que disminuye los niveles séricos de hierro, zinc y cobre, que son necesarios para la replicación bacteriana.
– Previene la replicación viral dentro de las células infectadas, y causa rompimiento de lisosomas y autodestrucción de células.
– Potencia la acción de los antibióticos.
FIEBREFOBIA
Las actitudes erróneas acerca de la fiebre, que involucran desde la familia hasta el especialista en pediatría, conllevan a miedos irracionales.
La fiebrefobia tiene varias desventajas: padres temerosos pueden permanecer hasta toda la noche tratando de mantener una temperatura inferior a 39,4º C (o incluso inferior a 38º C).
Los niños pueden ser despertados innecesariamente para tomas de temperatura o administración de antipiréticos, se administran excesivamente estos medicamentos que, además de atentar contra la fisiología misma de la fiebre, aumentan la incidencia de efectos adversos que pudieran incidir negativamente en la salud de los niños.
Igualmente, los niños pueden tener que soportar la incomodidad de prolongados temblores por baños con agua demasiado fría.
Los médicos son asediados por el pánico y consultas de los familiares, y por visitas innecesarias a los cuerpos de guardia.
CONVULSIONES FEBRILES
Las convulsiones febriles duran pocos minutos, se ven solo en niños de 6 meses a 6 años de edad, afectan únicamente al 3-5 % de los casos febriles, la recurrencia es del 20 al 30 %, y son excepcionales las lesiones neurológicas, aunque la convulsión sea recurrente.
La temperatura elevada es un factor de riesgo, sin embargo, no se ha encontrado ningún dato que demuestre que la fiebre es la causa de las convulsiones.
El control vigoroso de la fiebre con antipiréticos o medios físicos no ha demostrado disminuir el riesgo de convulsiones febriles recurrentes.
Tanto el acetaminofeno como el ibuprofeno no han demostrado tener efecto significativo para prevenir la recurrencia de convulsiones febriles, así como tampoco la combinación de antipiréticos y anticonvulsivantes.
Los niños que han tenido historia de convulsiones febriles deben ser tratados igual que cualquier otro con un cuadro febril.
CONSEJOS PARA RECORDAR Y APLICAR
La fiebre es una respuesta natural del cuerpo frente a infecciones.
No es una enfermedad, sino una señal de que el sistema inmunológico está trabajando.
Medir la temperatura: Usar un termómetro digital confiable.
Medir la temperatura correctamente y evita guiarte solo por el tacto.
¿Cuándo hay fiebre?
Cuando la temperatura es mayor a 38 °C.
No guiarse por el tacto
Tocar la frente no es preciso. Solo el termómetro da la medida real.
Control y cuidados
Monitorea la temperatura, mantener la calma y seguir las indicaciones médicas.
Mensaje final
LA FIEBRE SE MIDE… NO SE “SUPONE “
DR. HÉCTOR PEREDA SERNA – PEDIATRA
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