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Pablo Neruda y la muchacha judía

Pablo Neruda (Chile. 12-07-1904, 23-09-1973), su nombre real, Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Premio Nobel de literatura en 1971. Fue elegido senador en 1945, y en 1970 declinó su precandidatura presidencial en favor de Salvador Allende. Publicó en 1974 sus memorias con el título Confieso que he vivido. Aquí un extracto del libro.

Una muchacha judía llamada Kruzi

Conocí en el barco una muchacha judía llamada Kruzi. Era rubia, gordezuela, de ojos color naranja y alegría desbordante. En la última noche de la travesía nos dedicamos a hacer el amor en mi cabina, conscientes de que nuestros destinos se juntaban al azar y por una sola vez. Le conté mis desventuras. Ella se compadeció suavemente y su pasajera ternura me llegó al alma.

Viajaba directo al lecho de un asiático respetable

Kruzi, por su parte, me confesó la verdadera ocupación que le esperaba en Batavia. Había una organización internacional que colocaba muchachas europeas en los lechos de asiáticos respetables. Ella se decidió por un rico comerciante chino. Cuando bajamos a tierra divisé el Rolls Royce del magnate chino, y también el perfil del dueño a través de las floreadas cortinillas del automóvil. Kruzi desapareció entre el gentío y los equipajes. Yo me instalé en el hotel. Me preparaba para el almuerzo cuando vi entrar a Kruzi. Se echó en mis brazos, sofocada por el llanto.

Me expulsaron. Debo partir mañana

Me contó entrecortadamente su descalabro. Estaba a punto de subir en el Rolls Royce cuando los agentes de migraciones la detuvieron para someterla a un interrogatorio brutal. Tuvo que confesarlo todo. La pusieron en libertad con la promesa de no visitar a su galán y embarcarse de regreso al día siguiente. Como se sentía humillada y ofendida le dije: ¡Anda a ver a tu chino! y te sentirás mejor.

Me contó la entrevista

Aquella noche fue a ver a su admirador. Me contó la entrevista. El pretendiente amarillo estaba casado, y se aburría muchísimo. Le había preparado una gran cama que fue puesta a prueba aquella noche. Luego se detuvo ante un baúl herméticamente cerrado. Extrajo una pequeña llave de su pantalón, abrió aquel cofre y mostró a los ojos de Kruzi centenares o millares íntimas prendas de mujer. Allí estaban reunidas todas las sedas, todos los colores. El arco iris de la apetencia de un fetichista para deleite de su voluptuosidad. Coleccionaba calzones femeninos como si fueran mariposas.

Deslumbrada tomé un puñado de calzones

Me quedé deslumbrada, dijo Kruzi. Tomé al azar un puñado de esas prendas y aquí las tengo. Déjame uno, le dije. Ella, escogió uno blanco y otro verde, los acarició suavemente y me los entregó. ¡Dedícamelo!, Kruzi, por favor. Entonces ella los estiró cuidadosamente y escribió mi nombre y el suyo en la superficie de seda, que mojó también con algunas lágrimas. Al día siguiente partió sin que yo la viera. Los vaporosos calzones, con su dedicatoria y sus lágrimas anduvieron en mis valijas por muchísimos años. No supe cuándo, alguna visitante abusadora se marchó de mi casa con ellos puesto.

Fuente consultada.

Neruda, Pablo. Confieso que he vivido, Editorial Oveja Negra. Colombia. 1974

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