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Perú decide: Turismo y cultura, la cara oculta de los candidatos, promesas de campaña y olvido en la gestión pública

En cada campaña electoral, el discurso político en el Perú parece encontrar un patrón que se repite y, a la vez, preocupa: el redescubrimiento oportunista del turismo y la cultura. Durante las campañas presidenciales, regionales y municipales, los candidatos recorren plazas, visitan sitios arqueológicos, se toman fotos con comunidades indígenas, con niños y abuelos y hasta bailan. Prometen convertir al turismo en motor de desarrollo, sin embargo, una vez alcanzado el poder, la promesa se desvanece con la misma rapidez con la que aparecieron cual aves de paso.

Es inevitable preguntarse si el turismo y el patrimonio cultural son, para muchos aspirantes a cargos públicos, simples herramientas para el discurso, un “caballito de Troya” que permite conectar emocionalmente con la ciudadanía sin un compromiso real de fondo. Porque lo cierto es que, en tiempos de campaña, los políticos recién se acuerdan del turismo, pero cuando están en la municipalidad o en el gobierno regional, no generan políticas públicas sostenibles ni impulsan el rescate del patrimonio cultural.

El turismo no es únicamente una actividad económica complementaria; en muchas regiones del país representa una de las principales fuentes de ingreso y empleo. Además, está íntimamente ligado a la identidad cultural, la preservación de la memoria histórica y el fortalecimiento del tejido social. Ignorar su potencial o ser abordado como un tema secundario es una muestra clara de la falta de visión estratégica de nuestras autoridades.

La ausencia de políticas públicas coherentes se evidencia en múltiples aspectos: infraestructura turística deficiente, falta de capacitación para los actores locales, escasa promoción articulada y abandono progresivo de sitios históricos y manifestaciones culturales. No son pocos los distritos donde monumentos se deterioran, festividades tradicionales pierden apoyo institucional y espacios culturales quedan relegados al olvido.

Esta situación revela una desconexión profunda entre el discurso electoral y la gestión pública. Prometer rutas turísticas, ferias culturales o la “puesta en valor” del patrimonio resulta sencillo en un mitin, pero exigeplanificación, presupuesto, articulación interinstitucional y voluntad política cuando se trata de ejecutarlo. Es precisamente en este punto donde muchos gobernantes fracasan o, peor aún, muestran desinterés.

También es importante reconocer que el turismo y la cultura requieren políticas de largo plazoque trasciendan periodos de gobierno. No se trata de inaugurar obras aisladas – a punta de fierro y cemento – o realizar eventos esporádicos para la foto, sino de construir estrategias sostenibles que involucren a comunidades, empresas y Estado. Sin embargo, el cortoplacismo político, centrado en resultados en diezmos inmediatos y visibles, suele dejar de lado este tipo de iniciativas.

Frente a este escenario, la ciudadanía tiene un rol clave. No basta con escuchar promesas; es necesario exigir propuestas concretas, planes detallados y compromisos verificables¿Qué políticas específicas plantea el candidato para el desarrollo turístico? ¿Cómo piensa financiar la conservación del patrimonio cultural? ¿Qué mecanismos de participación ciudadana propone? Estas son preguntas que deberían formar parte central del debate electoral.

Los medios de comunicación y la sociedad civil deben contribuir a visibilizar esta problemática. El turismo y la cultura no pueden seguir siendo temas decorativos en la agenda política. Son sectores estratégicos que, bien gestionados, generan desarrollo económico, cohesión social y orgullo nacional.

En estas elecciones, más que discursos emotivos o gestos simbólicos, el país necesitalíderes capaces de comprender la importancia del turismo y la cultura como pilares del desarrollo sostenible. Autoridades que no solo aparezcan en tiempos de campaña recorriendo atractivos turísticos, sino que, una vez en funciones, impulsen políticas públicas reales, con presupuesto, seguimiento y resultados.

El reto es romper con este ciclo de promesas vacías y construir una nueva forma de hacer política, donde el turismo y el patrimonio cultural dejen de ser un recurso electoral y se conviertan en una prioridad permanenteSolo así será posible transformar el potencial cultural del Perú en una verdadera oportunidad de desarrollo para todos.

Por: Tomas Cotrina

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