Una grave situación social y humanitaria se vive en el distrito de La Banda de Shilcayo, donde el refugio independiente “Milagritos”, dirigido por la señora Eybita Apagueño, enfrenta un inminente desalojo junto a su hijo de tres años y 30 perros rescatados del abandono y el maltrato. La propietaria del inmueble donde funciona el albergue otorgó un plazo máximo de tres días para cancelar una deuda acumulada de cinco meses de alquiler, que asciende a S/ 3,820 soles. De no cumplirse con el pago, la madre y los animales deberán abandonar el lugar sin contar con una alternativa inmediata de vivienda o albergue.

Doña Eybita sostiene el refugio con trabajos independientes y con el apoyo solidario de algunos ciudadanos; sin embargo, la reducción de sus ingresos en los últimos meses le ha impedido cubrir el alquiler, además de los gastos de alimentación, medicamentos y atención veterinaria de los perros. Entre lágrimas, expresó que lo más doloroso es no saber a dónde irá con los animales que ya han sufrido abandono, mientras también debe velar por la seguridad y bienestar de su pequeño hijo.
Desde el Colectivo No al Maltrato Animal – Tarapoto informaron que su capacidad de respuesta está sobrepasada debido al creciente número de casos de abandono y maltrato animal en la ciudad. Señalaron que mantienen deudas por atención veterinaria y alimentación, lo que dificulta asumir nuevos rescates, e incluso en semanas recientes debieron derivar un caso crítico a Lima ante la falta de hogares temporales en la región. “El abandono continúa, pero el apoyo ciudadano disminuye. La necesidad es cada vez mayor”, indicaron.

Ante esta emergencia, se hace un llamado urgente a la solidaridad de la población, empresas, instituciones y autoridades locales para evitar que 30 perros rescatados regresen a las calles y que una madre con su hijo queden en situación de extrema vulnerabilidad. Toda ayuda económica, donación de alimentos, medicinas o la facilitación de un espacio temporal puede marcar la diferencia. Este caso evidencia nuevamente la falta de políticas públicas locales para la protección animal y el respaldo a los rescatistas independientes, quienes cumplen un rol social fundamental frente al abandono creciente de mascotas en la ciudad.



