A los candidatos en campaña: No basta decir “San Martín tiene potencial”. El potencial ya lo conocemos; lo que falta es convertirlo en resultados.
Ojo con los candidatos que pretenden gobernar la región: el nuevo INCORE 2026 vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no se puede maquillar con discursos, obras aisladas ni promesas electorales. San Martín necesita resultados concretos en salud, educación, nutrición infantil, servicios básicos y competitividad. El próximo gobierno regional tendrá que responder con metas, presupuesto y capacidad de gestión.

El Instituto Peruano de Economía (IPE) presentó el INCORE 2026, una radiografía que debería ser revisada con lupa por quienes aspiran a gobernar San Martín y, sobre todo, por los electores que tendrán en sus manos la decisión en las próximas Elecciones Regionales y Municipales 2026. El índice evalúa a las 25 regiones del país mediante 42 indicadores agrupados en seis pilares: Entorno Económico, Laboral, Infraestructura, Salud, Educación e Instituciones. Y aunque una posición en el ranking no cuenta toda la historia, sí permite identificar dónde están las brechas que las autoridades no pueden seguir postergando.
En el caso de San Martín, la fotografía de los últimos años deja una señal preocupante: la región ha permanecido en el tercio inferior del ranking durante una década. En el INCORE 2016 ocupaba el puesto 16; en 2024 llegó al puesto 18 y en 2025 retrocedió al puesto 19, aunque alcanzó su mejor puntaje histórico, 4.8 sobre 10. Es decir, se puede mejorar el puntaje y, al mismo tiempo, perder posiciones frente a otras regiones. El problema de fondo es que el avance todavía no alcanza para sacar a San Martín de la zona rezagada.

Y aquí está el dato que debería incomodar a cualquier candidato: crecer económicamente no basta.
En el último reporte disponible con el detalle regional, San Martín mostró avances en Laboral e Instituciones, pero arrastró dificultades importantes en Salud, Educación, Infraestructura y Entorno Económico. En 2025, el pilar de Salud se ubicó en el puesto 19, mientras Educación quedó en el puesto 18 e Infraestructura en el puesto 9. La región, por tanto, tiene algunos indicadores que muestran progreso, pero todavía no logra convertir ese avance en bienestar homogéneo para sus familias.
La salud aparece como una de las principales luces rojas. El IPE advierte que San Martín retrocedió en este pilar y que entre los problemas se encuentran el embarazo adolescente, el desabastecimiento de medicamentos, la insuficiente cobertura de personal médico y las limitaciones de infraestructura sanitaria. En 2025, el desabastecimiento de medicamentos llegó a 35.7%, por encima del promedio nacional de 26.4%. Aunque hubo mejoras en algunos indicadores – como la reducción de la anemia infantil de 38.5% a 34.6% y el incremento de la vacunación de 63.3% a 71.7% -, la brecha sigue siendo demasiado grande para una región que pretende avanzar hacia un desarrollo sostenible.
La desnutrición crónica infantil tampoco puede quedar relegada a una cifra más dentro de un informe. Es una señal de pobreza, alimentación deficiente, servicios de salud insuficientes y problemas de atención temprana. Para una región amazónica con enormes posibilidades productivas, resulta contradictorio que todavía existan niños cuyo desarrollo se encuentra condicionado desde los primeros años de vida. La lucha contra la desnutrición crónica infantil y la anemia debe ser una política permanente y medible, no una promesa que reaparece cada cuatro años.

En Educación, el panorama también exige una reacción seria. San Martín logró avanzar en el ranking y pasó del puesto 22 al 18 entre 2024 y 2025, impulsada, entre otros factores, por una mayor conclusión de secundaria y más colegios con acceso a internet. Pero el propio IPE advierte que la región continúa en el tercio inferior en todos los indicadores del pilar educativo y registra apenas 18.9% de logro satisfactorio en lectura, frente a 32.8% a nivel nacional. Mejorar posiciones no significa haber cerrado la brecha.

También hay una deuda en los servicios básicos. La infraestructura puede ser uno de los mejores componentes relativos de San Martín, pero eso no significa que la población tenga resueltas sus necesidades. El IPE reportó que el acceso a saneamiento retrocedió de 73.2% a 72.8%, mientras la continuidad del servicio de agua llegó a apenas 16.2 horas diarias, por debajo del promedio nacional de 18.7 horas. En el ámbito rural, otras cifras recogidas en análisis regionales muestran que la cobertura de agua potable alcanza alrededor del 79.9% y el alcantarillado apenas 32.4%, brechas que golpean especialmente a las poblaciones más vulnerables.
En el Entorno Económico, San Martín también tiene tarea pendiente. Aunque mejoró en algunos indicadores, en 2025 ocupó el puesto 19, con un PBI real per cápita de alrededor de S/ 6,548. Y el INCORE 2026 vuelve a mostrar que el acceso al sistema financiero continúa siendo una barrera en la selva: San Martín no supera el 30% de acceso al crédito, mientras el promedio nacional llega a 36.4%. Esto importa porque una región competitiva no solo necesita producir cacao, café, palma, arroz o frutas; necesita también transformar esa producción, generar valor agregado, atraer inversión y crear empleos formales.

Hay, sin embargo, señales que demuestran que San Martín no está condenado al atraso. En 2025 la región alcanzó su mejor puntaje histórico de 4.8, avanzó hasta el puesto 16 en el pilar Laboral – su mejor ubicación histórica en ese componente – y llegó al puesto 10 en Instituciones. La formalidad laboral subió de 26% a 27.5%, mientras el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan cayó de 16.2% a 13%. Son avances que deben ser reconocidos, pero también consolidados.
El INCORE 2026 deja, además, una lección nacional: Lima Metropolitana y Callao lideran con 7.5 puntos, mientras Loreto permanece en el último lugar con 3.6. El promedio nacional es 5.5 puntos. El mensaje para San Martín es evidente: no basta con compararse con otras regiones amazónicas ni conformarse con ser “la segunda más competitiva del oriente”. La pregunta debe ser otra: ¿por qué San Martín sigue sin ingresar al tercio superior de competitividad después de tantos años?

Por eso, de cara a la campaña regional, el INCORE debe convertirse en una especie de hoja de ruta para los candidatos. Quien quiera gobernar San Martín debería explicar cuánto piensa reducir la desnutrición crónica infantil, cómo enfrentará la anemia, qué hará para garantizar medicamentos disponibles en los establecimientos de salud, cómo elevará los aprendizajes en las escuelas, cómo mejorará el agua y saneamiento rural y qué estrategia tiene para aumentar el empleo formal, el crédito y la inversión privada.
Y en un año electoral, la advertencia es todavía más clara:ojo con los candidatos que prometen gobernar San Martín; antes de escuchar cuánto prometen gastar, hay que preguntar cuánto piensan transformar y cómo van a demostrar con resultados. Por: Beto Cabrera Marina.


