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San Martín tiene fallas geológicas activas: ¿Estamos preparados?

El impacto de un gran terremoto podría ser devastador para nuestra gente. En una región donde predominan las construcciones rústicas y muchas viviendas no cumplen las mínimas condiciones técnicas de seguridad, la prevención deja de ser una opción para convertirse en una necesidad urgente.

Perú ha registrado 379 sismos en lo que va del 2026, una cifra que confirma que el país continúa siendo uno de los territorios con mayor actividad sísmica del mundo debido al constante choque entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana.

La información fue difundida por el Centro Sismológico Nacional (Censis) del Instituto Geofísico del Perú (IGP). Durante el año se han presentado movimientos de mayor intensidad, como el de magnitud 5,9 registrado el 1 de abril en la región San Martín, así como el terremoto de 6,1 ocurrido el 18 de mayo en Ica, que dejó personas heridas y daños materiales. Otro evento importante fue el sismo de 4,8 frente a la costa del Callao, sentido con intensidad moderada en Lima y el primer puerto.

Los especialistas insisten en que estos movimientos son normales dentro de la dinámica geológica del país, pero advierten que la población debe fortalecer su cultura de prevención. Tanto el IGP como el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) recomiendan identificar zonas seguras en viviendas y centros de trabajo, participar en simulacros y contar con una mochila de emergencia para afrontar este tipo de emergencias.

El presidente del IGP, Hernando Tavera, advirtió que existe una alta probabilidad de que Lima enfrente en el futuro un terremoto de magnitud 8,8 o superior, debido a la acumulación de energía en el contacto entre las placas tectónicas.

La advertencia cobra especial importancia para San Martín, una región que además de estar expuesta a la actividad sísmica nacional cuenta con fallas geológicas activas y donde gran parte de las viviendas son de construcción rústica, levantadas sin criterios técnicos ni supervisión profesional. Esta realidad incrementa considerablemente el riesgo de pérdidas humanas y materiales si ocurre un terremoto de gran magnitud. La pregunta es inevitable: ¿estamos realmente preparados? La respuesta depende no solo de las autoridades, sino también del compromiso de cada familia para conocer los riesgos, reforzar sus viviendas y adoptar medidas de prevención antes de que ocurra una emergencia.

A tomar en cuenta

El sismo de mayo de 1990, 9.34 de la noche del 29 de mayo de 1990, la población del Alto Mayo, se vio sorprendida por un sismo de 6.0 en la escala de Richter. La historia sísmica de la región no impidió que la población fuera sorprendida y que se encontrara sin preparación alguna para afrontar esa situación. Los testimonios relatan la sorpresa, la imprevisión, el pánico.

Los daños fueron cuantiosos: 70 muertos, la mayor parte de ellos sepultados bajo las construcciones de tapial (barro apisonado) y adobe, tipos característicos de la construcción urbana en la región; más de 1,600 heridos, 9,277 viviendas dañadas de un total de 30,600, lo que significa el 30% (INDECI 1990, según un cálculo del Instituto Nacional de Defensa Civil, un saldo de 47,700 damnificados.

La región San Martín se ubica en la Faja Subandina y es una zona de alta complejidad geológica y sísmica. Las fallas tectónicas más notables incluyen 

la Falla Palmeras en la depresión de Rioja y el sistema de fallas asociado a la Cordillera Oriental. Estos sistemas generan sismos frecuentes e inestabilidad en el terreno.

Según reportes del IGEMMT San Martín ha experimenta sismos con intensidades que varían entre VI y X en la escala de Mercalli, siendo las ciudades de Moyobamba y Rioja áreas críticas.

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