En Perú, cientos de personas registradas con nombres insólitos o ofensivos—como Lucifer, Spiderman, Shumager, Chucky o Hitler—buscan modificarlos ante el Poder Judicial para escapar del bullying y la discriminación que afectan su vida diaria y dignidad humana.
Según la jueza Rocío Romero Zumaeta, de la Tercera Sala Civil de Lima, el proceso judicial evalúa cada caso con rigurosidad, garantizando que la solicitud se base en motivos válidos y no en caprichos. «Imaginemos el bullying sufrido por alguien llamado Hitler», señaló, destacando que el artículo 29 del Código Civil ampara estos cambios cuando el nombre denigra a la persona.
El trámite judicial se inicia en un juzgado de primera instancia, presentando partida de nacimiento, DNI, antecedentes penales y pruebas del daño causado—como pericias psicológicas y testimonios. Esta fase dura aproximadamente 3 a 4 meses. Luego, el caso se eleva a una sala superior, donde en unos 10 días se celebra una vista y se emite sentencia inmediata.
Además de los nombres denigrantes, este procedimiento también aplica para cambios por identidad de género, avalados por la Corte Interamericana de Justicia. En todos los casos, los magistrados priorizan la protección de la dignidad y la identidad personal, desestimando peticiones infundadas para mantener la seriedad del proceso.
Así, el Poder Judicial ofrece una vía legal accesible para que las personas corrijan un registro que, lejos de ser un simple dato, impacta profundamente su existencia.



