Mientras el país vuelve a lamentar víctimas en las carreteras, surge una pregunta de fondo: ¿quién está fallando realmente en el sistema de transporte? En apenas tres días, la carretera Fernando Belaunde Terry (FBT) ha sido escenario de dos graves accidentes de buses interprovinciales, lo que vuelve a poner en debate la seguridad del transporte terrestre y las responsabilidades compartidas entre el Estado y las empresas privadas.
El más reciente ocurrió la mañana del viernes 13 de marzo, cuando un bus de la empresa Turismo Bus Universo sufrió un despiste y cayó a una pendiente en el sector Jerillo, en la conocida “Curva del Diablo”, en el tramo Moyobamba – Tarapoto.
El accidente dejó cuatro personas fallecidas y al menos diez heridos, entre ellos varios menores de edad, lo que generó alarma entre las autoridades sanitarias y un llamado urgente a la población para donar sangre en el Hospital de Moyobamba.
Según el reporte preliminar, el vehículo había salido desde Trujillo con destino a Juanjuí y perdió el control alrededor de las 9:30 de la mañana, en una de las curvas consideradas más peligrosas de esta vía amazónica.

Víctima confirmada: el piloto del bus
De acuerdo con el reporte de atención médica del Hospital II-1 Moyobamba “Alpino Acosta Ruiz”, una de las víctimas mortales es el conductor del bus:
- Oswaldo Aquino Ramírez – 77 años (piloto del bus)
Este dato abre un debate inevitable: ¿puede una persona de 77 años conducir un bus interprovincial en un trayecto tan exigente como Trujillo–Tarapoto? La ruta supera las 12 horas de viaje y atraviesa zonas de curvas pronunciadas, pendientes y tramos de alta exigencia física y mental para los conductores.
Otra interrogante clave surge inmediatamente: ¿el bus contaba con copiloto o conductor de relevo, como exige la normativa vigente?
Lista preliminar de heridos
Hasta las 3:00 p.m. del viernes, la Unidad de Referencias y Contra Referencias del Hospital de Moyobamba reportó la atención de 10 personas heridas, entre ellas varios menores.
Heridos atendidos en el Hospital II-1 Moyobamba:
- M. P. K. A. – 13 años, Paisig García Viviana – 19 años, Coquinche Salazar Jholi Lucila – 18 años, A. C. O. N. – 2 años, Paima Upiachihua José Antonio – 23 años, Ascate Morante César Stalin – 45 años, M. S. L. J. – 7 años, Alva García Florita – 31 años, H. A. R. J. A. – 12 años, Cabanillas Verástegui Genry – 62 años (copiloto del bus)

La presencia de niños y adolescentes entre los heridos evidencia la dimensión humana de la tragedia.
Pacientes referidos a otros hospitales. Debido a la gravedad de algunas lesiones, varios pacientes fueron trasladados a otros establecimientos de salud.
Referidos a la Clínica Virgen de las Mercedes – Tarapoto: Alva García Florita – 31 años, H. A. R. J. A. – 12 años
Referidos al Hospital II-1 Rioja: Paisig García Viviana – 19 años, Coquinche Salazar Jholi Lucila – 18 años, A. C. O. N. – 2 años
Dos accidentes en tres días. La tragedia ocurre apenas dos días después de otro accidente registrado el miércoles 11, cuando una unidad de la empresa Móvil Bus también sufrió un siniestro en la misma carretera Fernando Belaunde Terry. Dos accidentes en menos de 72 horas en la principal vía de la Amazonía peruana vuelven a evidenciar que el problema no es aislado ni casual.
Un sistema que falla en varios niveles. Cada vez que ocurre una tragedia vial, la reacción inmediata suele ser buscar un culpable individual, generalmente el conductor o la empresa. Sin embargo, especialistas en seguridad vial advierten que los accidentes graves casi nunca tienen una sola causa.
En el Perú, el sistema de transporte interprovincial involucra a varias instituciones:
- Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) – responsable de la normativa y políticas de transporte.
- SUTRAN – encargada de fiscalizar a las empresas y monitorear las unidades mediante GPS.
- Policía Nacional del Perú (PNP) – responsable del control en carreteras.
- Empresas de transporte – obligadas a garantizar mantenimiento, conductores capacitados y condiciones seguras para los pasajeros.
Cuando ocurre un accidente, las responsabilidades suelen diluirse entre estas instituciones.

Normas que existen, pero no siempre se cumplen
La legislación peruana establece reglas claras para el transporte interprovincial, entre ellas: Velocidad máxima de 90 km/h. Seguro Obligatorio contra Accidentes de Tránsito (SOAT) vigente. Certificado de Inspección Técnica Vehicular (CITV). Sistemas de GPS monitoreados por SUTRAN. Relevo obligatorio de conductores cada 5 horas de día y 4 horas de noche. Un máximo de 12 horas de trabajo acumulado por conductor. Sin embargo, en muchas rutas del país la fiscalización es irregular o insuficiente, lo que permite prácticas riesgosas como: Exceso de velocidad. Conductores fatigados. Uso de estimulantes para combatir el sueño. Mantenimiento deficiente de las unidades
La carretera también influye. Otro factor clave es la infraestructura vial. Tramos como la “Curva del Diablo”, en el sector Jerillo, presentan geometría compleja y pendientes pronunciadas, lo que exige señalización adecuada, control de velocidad y mantenimiento constante.

Cuando estos factores se combinan con fatiga del conductor o fallas mecánicas, el riesgo de tragedia aumenta considerablemente.
La pregunta que el país debe hacerse. Cada accidente vuelve a abrir la misma discusión: ¿Fue culpa del conductor? ¿De la empresa? ¿De la carretera? ¿De la falta de fiscalización?
Según especialistas en seguridad vial, todos estos factores forman parte del mismo sistema. Por eso, la pregunta correcta después de cada tragedia no debería ser únicamente quién fue el culpable, sino qué parte del sistema permitió que ocurriera.
Porque mientras el Estado no refuerce la fiscalización, las empresas no asuman plenamente su responsabilidad y la sociedad no exija cambios reales, la historia seguirá repitiéndose.
Y cada nueva tragedia en las carreteras del país seguirá recordando que la informalidad y la falta de control también cobran vidas.
Por: Beto Cabrera Marina.



