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Un gobierno de encargo no es un cheque en blanco

No más desorden, respeto al país. El Perú exige claridad, decencia y una transición en paz. Un gobierno de encargo no puede convertirse en un problema adicional para un país ya golpeado por la desconfianza.

La decisión del Congreso de la República de colocar en Palacio de Gobierno a José Jerí, un político de 38 años que su propio premier calificó de inmaduro, no fue casual ni ingenua. Tuvo un objetivo claro: refrescar el escenariocalmar las aguas, pero sin perder el control real del poder. Un interinato funcional, breve, manejable. Un gobierno de encargo con límites muy precisos.

Han pasado cuatro meses y ese encargo expreso tenía solo dos tareas fundamentalesafinar una estrategia efectiva contra la inseguridad ciudadana y garantizar elecciones limpias, ordenadas y sin sobresaltos. Nada más. Sin embargo, lejos de cumplir con ese mínimo institucional, la gestión transitoria de José Jerí comienza a hundirse en una cadena de cuestionamientos, denuncias y silencios incómodos.

La primera alerta llegó desde Punto Final, de Frecuencia Latina, con imágenes y testimonios que muestran reuniones encapuchadas, con gorra y mascarilla, en una chifa, junto a empresarios chinos cuestionados, con intereses evidentes en contratos con el Estado. Nada casual. Nada transparente. Nada que un presidente, aunque sea interino, pueda justificar con ligereza.

A ello se suman órdenes y contrataciones extrañas, vinculadas a jóvenes que ingresaron a Palacio de Gobierno tras visitas que parecían más un casting presidencial entusiasta que reuniones de Estado. Aquí no cabe la defensa fácil ni el discurso de discriminación. Lo que corresponde es transparenciacorrección y respeto por las formas, porque cada decisión se toma con dinero público.

Es un derecho del ciudadano saber qué hace su presidente con la plata de todos, y es un deber irrenunciable de la prensa exponer cualquier conducta poco clara, sospechosa o indebida.

Pero los cuestionamientos no terminan ahí. Hoy se pone sobre la mesa un hecho aún más delicado: el interés de José Jeri, cuando era congresista, en impulsar una norma que flexibilizaba la Ley de Presupuesto del año pasado, aquella que establecía con claridad que los contratos de gobierno a gobierno no debían ejecutarse con presupuesto adicional del Tesoro Público. Cambiar esa regla altera el tablero completo.

Los pasos de José Jeri como parlamentario, antes discretos y de bajo perfil, hoy adquieren otra dimensión. Ya no importa quiénes eran sus amigos, porque ahora representa al país entero. Y lo que se observa no es auspicioso, es profundamente sospechoso.

A ello se suma un silencio que duele y que la Amazonía conoce bien. Para esta gestión transitoriala Amazonía al parecer no existe. No hay visitas, no hay anuncios, no hay prioridades.

Cuando era congresista, las fotos con la camisa remangadalas visitas a penalesel discurso de cercanía, eran parte del libreto que ya no se repite¿Fueron solo tranquilizantes para la foto?

El país no necesita un presidente figurativo ni un interino ensimismado. Necesita orden, sobriedad y responsabilidad. Un gobierno de transición no está para experimentar, improvisar ni tejer intereses personales.

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