“Viajé a su lado… y pude escuchar su partida por instantes”
Por Segundo Chuquipiondo
Desde una habitación en Lima, aún en proceso de recuperación, Alberto Pizango Chota reconstruye —en exclusiva para el diario Voces— la tragedia que terminó con la vida del candidato presidencial Napoleón Becerra, uno de sus amigos más cercanos.
“Fue una señal de lo frágil que puede ser todo en cuestión de segundos”, reflexiona el dirigente indígena mientras recuerda los momentos previos al accidente.
El viaje que no debió darse
El grupo había partido desde Lima con destino a Ayacucho, atendiendo una convocatoria política de organizaciones del sur del país. El viaje, de más de diez horas por carretera, atravesaba tramos de curvas cerradas y zonas sin cobertura telefónica.
“Salimos alrededor de las nueve de la noche. Ya veníamos con desgaste acumulado”, recuerda Pizango.
Horas antes del viaje, el conductor asignado desistió de manejar debido al cansancio tras varias jornadas de trabajo. La conducción fue asumida por un efectivo policial designado como seguridad del candidato, situación que hoy genera cuestionamientos sobre los protocolos de seguridad en desplazamientos de figuras políticas.
El instante en que todo se rompe
El accidente ocurrió alrededor de las seis de la mañana, en un tramo aislado de la carretera.
“Me dormí por un instante… y desperté en medio de la tragedia”.
La camioneta, en la que viajaban seis ocupantes, se despistó violentamente. Napoleón Becerra viajaba junto a Pizango, en el lado derecho del vehículo.

“Me desmayé. Me sacaron por la ventana. Sentí que mi cabeza se rompía. Pensé que era el final”, relata.
Las primeras versiones señalan que el vehículo habría perdido estabilidad en una curva, posiblemente por fatiga del conductor, una de las causas más frecuentes de accidentes en carreteras interprovinciales.
Para Pizango, el momento más doloroso fue comprender que su amigo había fallecido.
“La muerte de mi gran amigo fue instantánea. Yo creo que se desnucó. Viajé a su lado… y pude escuchar su partida por instantes”.
Horas antes del viaje habían compartido un momento cotidiano en casa de Becerra.
“Comíamos rosquitas cajamarquinas y hablábamos de política y de los pueblos… nunca imaginé que sería la despedida”.
La muerte del candidato representa también una pérdida para los procesos organizativos indígenas, en un contexto marcado por conflictos territoriales, economías ilegales y débil presencia del Estado en la Amazonía.
Tres horas entre la vida y la muerte
Tras el accidente, los heridos fueron trasladados durante más de tres horas hasta un hospital en Ayacucho, en medio de limitaciones logísticas propias de zonas alejadas.
“Ahí nos atendieron bien. El personal respondió con humanidad”, señala.
Al día siguiente, un vuelo humanitario del Grupo Aéreo N.° 8 permitió su traslado a Lima para continuar con su atención médica.
Sin embargo, su experiencia en la capital fue distinta.
“En el hospital Rebagliati sufrí mucho desinterés. Me sentí abandonado”, afirma.
Con el apoyo de su hijo Luis Alberto Pizango, solicitó su alta voluntaria y actualmente continúa su recuperación junto a su familia.
El dirigente reconoce que el impacto de la tragedia no es solo físico.
“Mi cuerpo sigue adolorido, pero más que eso, mi deseo de hacer política ha menguado”, confiesa.
Finalmente, expresó su agradecimiento por el respaldo recibido de su familia, sus bases y organizaciones indígenas como AIDESEP y CORPI, que lo han acompañado desde el primer momento tras el accidente.



