En un partido que prometía emociones y golpes sobre el césped, Unión Comercio y Carlos A. Manucci firmaron un empate sin goles que dejó más dudas que certezas en el conjunto selvático. El encuentro, correspondiente a la Serie A del torneo, tuvo un punto de inflexión antes del descanso: la infantil expulsión de un mediocampista local, quien, cegado por la frustración de un juego errático, cometió dos faltas innecesarias que dejaron a su equipo con diez hombres durante gran parte del complemento.
El capitán William Mimbela, lejos de ser el faro que el equipo necesitaba, transitó el partido como una sombra, sin criterio en la distribución ni peso en la zona de gestación. Su bajo rendimiento obligó al técnico Jorge Malpica a reemplazarlo en el segundo tiempo, un movimiento que, si bien buscó oxigenar el mediocampo, evidenció la falta de líderes en los momentos calientes.
Con uno menos, Unión Comercio se replegó y sufrió el embate de un Manucci que llegó con todo al ataque. Los visitantes generaron dos claras oportunidades que exigieron la estirada del arquero Amasifuen, quien con reflejos felinos negó el grito de gol en dos ocasiones. Sin embargo, el dominio visitante no se tradujo en el marcador, y la defensa local, aunque desordenada, supo resistir.
Malpica, consciente del desgaste, movió el banquillo con audacia: en el arranque del segundo tiempo ingresaron Alessandro Pinedo y Guerrero, dos jugadores de mayor frescura y desequilibrio. Su impacto fue inmediato, otorgando dinamismo y profundidad en los últimos quince minutos, pero la pelota, caprichosa, no quiso besar las redes. Un tiro cruzado, un cabezazo que se fue desviado y un par de centros sin rematador fueron el epitafio de una reacción que llegó tarde.
El 0-0 sabe a poco y duele más cuando se mira la tabla: Unión Comercio, que llegaba con opciones de alcanzar la cima de la Serie A, ve cómo la punta se le escapa entre los dedos. La expulsión y la falta de contundencia ofensiva pasan factura, y ahora el equipo deberá esperar los resultados de la jornada completa para no perder el tren de arriba. Lección aprendida, sí, pero el campeonato no espera: el final de temporada exigirá más cabeza, más jerarquía y, sobre todo, once jugadores en el campo con la mente fría.


