Lo que callamos también nos compromete.
Por: Obstetra Carmen Lucila Ordóñez Aguirre
Profesional con formación y Trayectoria en salud sexual y reproductiva del adolescente.
Como obstetra, manifiesto mi más firme rechazo ante el caso de violencia sexual sufrido por un estudiante a manos de sus compañeros de colegio.
La violencia sexual es todo acto de naturaleza sexual impuesto sin consentimiento, sea físico, verbal, visual o digital. Cuando ocurre entre pares y en la escuela, que debería ser un espacio protector, estamos frente a una falla colectiva.
Este hecho revela vacíos estructurales: adolescentes que no han aprendido qué es el consentimiento ni a respetar los límites del propio cuerpo y del ajeno, expuestos a contenidos sexuales violentos sin mediación adulta, y docentes y padres sin herramientas para detectar e intervenir a tiempo.
A ello se suma la humillación sexual disfrazada de «broma» o de «rito» de pertenencia al grupo, sostenida por un modelo de masculinidad que mide el valor del varón por su capacidad de someter al otro. Lo que se aplaude o se tolera en grupo es, en realidad, violencia sexual.
Desde mi experiencia en el trabajo con adolescentes, sé que cuando la víctima es un varón, el silencio es mayor. La vergüenza, el estigma y la creencia de que «a los hombres no les pasa» hacen que muchos nunca lo cuenten y carguen solos con las consecuencias. Lo que no se denuncia no se previene.
La Educación Sexual Integral no es opcional ni ideológica: es protección. La evidencia científica demuestra que, cuando es adecuada a cada etapa del desarrollo, reduce la violencia sexual, porque enseña a reconocer los propios límites, respetar el cuerpo del otro y pedir ayuda sin miedo. Callar sobre sexualidad no protege a nuestros hijos; los deja indefensos.
Las obstetras somos profesionales formadas y legalmente facultadas en salud sexual y reproductiva: promovemos la salud sexual, orientamos a adolescentes, prevenimos la violencia, detectamos signos de alarma y articulamos con los servicios de protección. Debemos estar donde están los adolescentes, en las instituciones educativas, trabajando de manera integral junto a docentes, tutores, psicólogos y familias.
Prevenir la violencia sexual es posible, y como obstetra asumo ese compromiso. Invito a mis colegas a asumirlo con voz propia y fundamento técnico.



