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VOTO CRUZADO: CAUSA O CONSECUENCIA

Por: Wilter Aro Fasanando.

Pastdecano del Colegio de Profesores.

Este domingo 4 de octubre son las elecciones regionales y municipales (ERM) que implica dos tipos de votación simultánea. El elector decidirá hacerlo de manera lineal, cruzada o también, viciarla. La forma depende de la prioridad del votante. Ninguna opción es mejor que la otra, categóricamente. Curiosamente, a diferencia de anteriores procesos, el voto cruzado viene siendo impulsado con mucha fuerza y que por cierto sacude las aspiraciones de algunos candidatos, pues su correligionario pensando en el voto lineal aspira que ambos tengan mayoritariamente la aceptación popular.

Votar linealmente es fortalecer el partido y la estabilidad gubernamental. La debilidad de esta forma de elegir radica en que un inepto candidato a alcalde, se vea favorecido por el bendito “arrastre”, perjudicando las aspiraciones de su pueblo. Esta modalidad de sufragio fortalece la militancia (hecho positivo), pero también hay un alto riesgo de potenciar el centralismo nacional o regional (hecho negativo).

En el voto cruzado, el ciudadano se centra en los méritos individuales del candidato (hecho positivo), quien, de ser elegido, y si no cuenta con una solidez partidaria, corre el alto riesgo de ser ninguneado por el gobernante regional que pertenece a otro partido (hecho negativo).

Ante los resultados del voto cruzado que generó autoridades de diversas tiendas políticas, para que puedan gobernar, solo queda el diálogo abierto y sincero, es decir los electos deben liberarse de ataduras partidarias y CONSENSUAR.  Esta acción política no debe convertirse en obligación, sino en voluntad, en gesto profundamente democrático, pues se trata de conjugar esfuerzos para un mismo objetivo. Coloquialmente, es estrechar la mano del oponente político.

Lamentablemente, la apertura al diálogo abierto y sincero, es lo menos que existe en nuestros políticos (hay honorables excepciones), quienes se miran como fieras rabiosas, se lanzan dardos ponzoñosos, se maldicen, etc. pero, hipócritamente firman el llamado pacto ético que es simplemente, la perlita decorativa del compromiso electoral que luego es soslayado sin vergüenza.

Con el voto cruzado, sino hay corrupción, existe la posibilidad de una correcta fiscalización. Pero también, nos sumerge en la dicotomía de priorizar la gestión local antes que la nacional. Esta situación es totalmente negativa, pues lo que pasa en las altas esferas del gobierno central, tarde o temprano repercute en lo local.

El voto cruzado al ser fragmentadora de militancia nacional, fortalece los partidos o alianzas regionales y provinciales evitando que los grandes partidos nacionales monopolicen el poder local solo por su presencia mediática. Pero, los partidos o alianzas locales, al carecer de verdadero liderazgo (sin patrones o dueños), al no tener doctrina e ideología propia y sólida, fenecen rápidamente. Es decir, no lograron dar el salto cualitativo a verdaderos partidos políticos, que es lo que se necesita, sino, quedaron en escuálidas Alianzas electoreras, que muchas veces hacen debut y despedida. Por ejemplo, en las pasadas elecciones generales 2026 participaron 36 fórmulas presidenciales, ¿cuántos existirán para el 2030, o es que fueron hábilmente creados para atomizar los votos y favorecer a algunos partidos en la segunda vuelta?

En las ERM, cruzar el voto es también contribuir a fragmentar los Consejos regionales y el cuerpo de regidores. Las máximas autoridades pueden quedarse sin mayorías internas, dificultando la oportuna toma de decisiones.

En fin, el elector tendrá que decidir si en su región desea que las autoridades hablen “el mismo idioma” en materia de ejecución de políticas públicas. En este caso, votará en línea o en bloque. Si, por el contrario, reconoces la calidad personal, técnica y política de tu candidato y deseas evitar concentración de poder en una sola agrupación, vota en forma cruzada.

Visto de esta manera, el voto cruzado sabe más a consecuencia, a “protesta” ante el centralismo nacional y regional, ante la concentración de poder en unos pocos y ante el terrible fantasma de la corrupción que engendra violencia.

Lamentablemente, al ser la mayoría de los candidatos –por no decir, todos – designados a dedo y no de elecciones internas, evidencian fragilidad partidaria y el voto cruzado no ayuda a potenciar verdaderos partidos ni tampoco a forjar militancia preparada que sepa defender sus ideales y los de su partido y no sucumbir ante la tentación de todo tipo.

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