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lunes, junio 24, 2024
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Warwick E. Kerr y sus abejas africanizadas

Voces del mundo

Jorge Moreno Reátegui (*)
columnista

En 1956, el reconocido genetista Brasileño, Warwick Estevam Kerr, viajó al sureste africano con la finalidad de importar reinas de una variedad de abeja africana, cuya fama de tener un excelente performance en la producción de miel en esos lares, había llegado a los oídos de los burócratas del gobierno brasileño.

Kerr visitó la costa suroeste del continente africano para dar con el paradero de tales abejas y con el objetivo de traerse consigo algunas de estas reinas africanas (Apis melliphera scutelata). Finalmente logró introducir exitosamente al Brasil 51 reinas, la mayoría de ellas provenientes de los mejores colmenares de Pretoria, Sur África¹.

Según la historia contada por ellos – y que a mí me suscita cierta duda – en 1957, cuando las abejas estuvieron en Piracicaba- Sao Paulo, alguien, “accidentalmente” quitó las rejillas de las abejas que estaban en observación, provocando la huida de éstas. Lo que no se esperaron los investigadores del país del fútbol y de la samba, es que ésas abejas que acababan de huir poseían una alta capacidad de defensa, eran sumamente resistentes a ambientes inhóspitos y, al igual que sus antecesoras africanas, poseían altas tasas de reproducción. Así, lograron lo que ningún otro animal domesticado introducido pudo a lo largo de más 50 años: expandirse por casi todo el Neotrópico, cruzándose con todas las abejas europeas introducidas que encontraron a su paso.

La noticia de la presencia de las mal llamadas “abejas asesinas”, recorrió por las Américas como reguero de pólvora. En efecto, 20 años después de la fuga inicial, se anunciaba la llegada de los primeros enjambres de abeja africanizada al Perú, y 33 años después el departamento de Agricultura de los Estados Unidos hacía lo propio en su país. Se probaron todo tipo de métodos para impedir el avance y su cruce con las mansas abejas europeas que había en América desde el siglo XVI², pero todo esfuerzo resultó inútil ya que después de 53 años de haber sido introducidas puede decirse que se han quedado definitivamente en nuestro continente. Pero como reza el dicho, no hay mal que por bien no venga; sumado a otros aspectos que nos ha legado la cultura africana, ahora no solamente podemos bailar, escuchar, y comer rico; sino también endulzar nuestro paladar con una miel “africanizada” de la mejor calidad.
*Jorge A. Moreno Reátegui. Egresado de La Facultad de Ingeniería Agroindustrial, UNSM-T y del Dpto. de Mecánica Agrícola del I.S.T-NOS, Apicultor en abejas africanizadas

¹Gonçalves, L.S. 2006. Impacto causado por las abejas africanizadas en la América del Sur. Gaceta del Colmenar. Abejas del Perú.

² Jaime Loren, J.M. 2003. Sobre la primicia hispana en cuanto a los envíos de abejas europeas a América. LLULL, VOL. 26, P. 595-612

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