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martes, diciembre 6, 2022

Mensajeros de la muerte

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La vida está ahí, aunque no es comprada, no merece ser arrebata. Los mensajeros de la muerte aparecen intempestivamente, no da tiempo de reaccionar. La sangre corre por el piso, todos se quedan como espectadores, asombrados, mientras el terror va invadiendo sus vidas. Los mensajeros huyeron, a nadie le importa esa vida ya robada, al igual como cuando se atropella a un animal, se saca del camino y se sigue con la propia. Y así, toda vida adquiere un precio y todo ser humano está sujeto al escrutinio de una persona que puede definir el valor que tiene su muerte.

Tienes una deuda, te matan; eres infiel, te matan; no simpatizas, te matan; tienes dinero, te matan; no tienes dinero, también te matan. Ahora matan por todo. Son acaso las simples ganas de matar y punto, llenar de sangre todo.

El día de ayer me llamó por teléfono un amigo de Trujillo, solamente para hacerme la interrogante que la esperaba hace mucho: ¿No que San Martín era un lugar donde se podía trabajar tranquilamente?, no tuve respuesta, pues sabía que ya no estaba en el mismo lugar donde había nacido.

La delincuencia ya no es exclusiva de Lima o Trujillo, el sicariato lo tenemos al frente de nuestras narices. La impunidad crece y quienes deberían protegernos, simplemente se esfuman, ya que con ellos no es la cosa.

En la antigua Roma, sicario significaba hombre-daga, pues “sica” es una daga pequeña y fácil de esconder para apuñalar a los enemigos políticos (Wikipedia). En la actualidad, es quien asesina por encargo, a cambio de una compensación económica.

El fenómeno del sicariato no es nuevo en el mundo, ni ha estado ausente del Perú, lo cual quiere decir que no es un hecho delictivo que “llega desde afuera” ni que tampoco es reciente. En el país existe sicariato desde tiempos inmemoriales, aunque en la actualidad se ha incrementado y ha cambiado sustancialmente. Si bien el número de homicidios no es tan significativo como en Colombia, México o Brasil, sus efectos son devastadores a todo nivel. Sin embargo, pese a que éste delito ocurre constantemente, se niega su existencia.

Crece en la obscuridad, aunque todos saben de su realidad a través de los medios de comunicación, aunque su existencia, no siempre es reconocida por quienes deben velar por su control.

Para ser sinceros con nosotros mismos, no podemos negar que estamos a estas alturas, a merced de los sicarios, de estos mercaderes de la muerte, que por un puñado de soles, les resuelven los “problemas” a las personas (líos de tierras, amorosos, venganza, etc.), eliminando, sin ningún escrúpulo y a sangre fría, a otras personas. (MC)

¿Quién hace algo con la inseguridad ciudadana? Irónicamente, el General de la Policía afirmó en un medio de comunicación que: “ no le preocupa los asesinatos ocurridos en San Martín, porque son actos aislados. Entonces ¿Quién velará por nuestra seguridad? ¿A quién le va a preocupar de verdad? ¿Cuáles no son actos aislados? ¿Seguiremos viendo morir a más personas?

Es lamentable que traigan de fuera, gente incompetente, que sólo les gusta figuretear, que mientras haya cámaras se luzcan con su mejor quebrada y sonrisa, pero cuando se trata de trabajar y entregar resultados a la sociedad, no entreguen nada. Y para colmo, descaradamente hacen público, que los cinco asesinatos en la región, no les importa.

¡Pues claro! a ellos les encanta pasear en las camionetas y hacer batidas por casco, ya que el verdadero trabajo les da miedo. Tenemos a efectivos policiales, generales, coroneles, que no están preparados para el verdadero fin de una sociedad: Brindar seguridad.

A ellos los formaron para hacer batida y punto. A ellos, les gusta estar en su zona de confort, porque a las finales, a quién le importa quién muera. ¿No?

Señores del Gobierno Regional, Municipalidades Provinciales, Policía Nacional, Ministerio Público, Poder Judicial, Frente Cívico, Rondas Campesinas, Juntas Vecinales de Seguridad Ciudadana, organizaciones que gritan encadenados por la justicia social, Cámara de Comercio y población organizada en su conjunto ¿Qué estamos esperando?, que nosotros o algunos de nuestros seres queridos sean las próximas víctimas, no solo del sicariato, sino de la ola de asaltos y robos que está azotando nuestra región. Es hora de hacer frente a esta lacra, que está arrinconándonos cada vez más. No podemos seguir permitiendo que un puñado de desgraciados delincuentes, sigan sembrando terror en la sociedad.

Nuestra vida está tranquila, hasta que los mensajeros de la muerte aparecen y te la arrebatan.

Todo tiene un precio ¿Cuánto crees que vale tu vida?

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