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sábado, diciembre 3, 2022

Del amigo*

juegodetronos

«Uno siempre a mi alrededor es demasiado» – así piensa el eremita. «Siempre uno por uno – ¡da a la larga dos!»

Yo y mí están siempre dialogando con demasiada vehemencia: ¿cómo soportarlo si no hubiese un amigo?

Para el eremita el amigo es siempre el tercero: el tercero es el corcho que impide que el diálogo de los dos se hunda en la profundidad.

Ay, existen demasiadas profundidades para todos los eremitas. Por ello desean ardientemente un amigo y su altura.

Nuestra fe en otros delata lo que nosotros quisiéramos creer de nosotros mismos. Nuestra necesidad de un amigo es lo que nos delata.

Y a menudo con nuestro amor solo queremos ahogar la envidia. Y a menudo atacamos y nos creamos un enemigo para ocultar que somos vulnerables.

«¡Sé por lo menos mi enemigo!» – así habla el verdadero respeto, que no se atreve a solicitar amistad.
Si se quiere tener un amigo hay que querer también hacer la guerra por él: y para hacer la guerra hay que poder ser enemigo.

En el propio amigo debemos honrar también al enemigo. ¿Puedes tú acercarte mucho a tu amigo sin pasarte a su bando?

En el propio amigo debemos tener nuestro mejor enemigo. Cuando le opones resistencia procura acercarte a su corazón.

¿No quieres llevar vestido alguno delante de tu amigo? ¿Debe ser un honor para tu amigo el que te ofrezcas a él tal como eres? ¡Pero él te mandará al diablo por esto!

El que no se recata provoca indignación: ¡pues hay muchas razones para temer la desnudez! ¡Sí, si fueséis dioses, entonces os sería lícito avergonzaros de vuestros vestidos!

Nunca te adornarás bastante bien para tu amigo: pues debes ser para él una flecha y un anhelo hacia el superhombre.

¿Has visto ya dormir a tu amigo – para conocer cuál es su aspecto? ¿Pues qué es, por lo demás, el rostro de tu amigo? Es tu propio rostro, en un espejo grosero e imperfecto.

¿Has visto ya dormir a tu amigo? ¿No te horrorizaste de que tu amigo tuviese tal aspecto? Oh, amigo mío, el hombre es algo que tiene que ser superado.

El amigo debe ser maestro en el adivinar y en el permanecer callado: tú no tienes que querer ver todo. Tu sueño debe descubrirte lo que tu amigo hace en la vigilia.

Un adivinar sea tu compasión: para que sepas primero si tu amigo quiere compasión. Tal vez él ame en ti los ojos firmes y la mirada de la eternidad.

Ocúltese bajo una dura cáscara la compasión por el amigo, debes dejarte un diente en ésta. Así tendrá la delicadeza y la dulzura que le corresponden.

¿Eres tú aire puro, y soledad, y pan, y medicina para tu amigo? Más de uno no puede librarse a sí mismo de sus propias cadenas y, sin embargo, es redentor de su amigo.

¿Eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo. ¿Eres un tirano? Entonces no puedes tener amigos.

Durante demasiado tiempo se ha ocultado en la mujer un esclavo y un tirano. Por ello la mujer no es todavía capaz de amistad: sólo conoce el amor.
En el amor de la mujer hay injusticia y ceguera frente a todo lo que ella no ama. Y hasta en el amor sapiente de la mujer continúa habiendo agresión inesperada y rayo, y la noche junto a la luz.

La mujer no es todavía capaz de amistad. Pero decidme, varones, ¿quién de vosotros es capaz de amistad?

¡Cuánta pobreza, varones, y cuánta avaricia hay en vuestra alma! Lo que vosotros dais al amigo, eso quiero darlo yo hasta a mi enemigo, y no por eso me habré vuelto más pobre.

Existe la camaradería: ¡ojalá exista la amistad!

Así habló Zaratustra.
*(Friedrich Nietzsche – “Así habló Zarathustra”)

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