Por Willian Gallegos Arévalo
Los ganaderos del sector del Estero del Río Mayo se afincarían en Tarapoto desde 1950, aproximadamente, viviendo un proceso inmigratorio intenso que nunca ha cesado. La posición estratégica de esta zona hizo que se convirtiera en un polo de desarrollo y su dinámica económica ha ido paralelo con la destrucción del medioambiente, en un proceso ya casi irreversible.
Los Sánchez, Trigozo, Alegría, Reátegui, Hidalgo, entre otros, establecen sus predios en el Estero del Río Mayo alrededor de 1850, convirtiendo a este lugar en un emporio ganadero, cafetalero y alcoholero y que, pasado los años, harían de todo este valle que se conoce aún como “La cuenca lechera del Bajo Mayo”. Dicho sea de paso, la ganadería vacuna lucha por recuperarse y no habría políticas claras para fomentarla y recobrar su antiguo esplendor. Hasta los años setenta del siglo pasado Tarapoto, el Huallaga Central y el Bajo Mayo fueron considerados el paraíso de la carne. Y era cierto, pues. Los ganaderos habían sido siempre ejemplos de empresarios agropecuarios acaudalados ocupando un sitial privilegiado en la sociedad sanmartinense.
Del matrimonio de Moisés Sánchez Alegría y Remigia Trigozo Pérez nacieron: Luis, Defilia, Ignacia, Alejandro, Ramón, José y Verónica que, con el paso del tiempo formarían familias numerosas como se puede observar cuando se investiga en la progenie. Al contar con la autorización de Manuel Eduardo Sánchez Flores, hijo de Alejandro, vamos a recordar a los integrantes de esta ancestral familia esterina. Don Alejandro, antes de contraer matrimonio tuvo seis hijos: Anita Sánchez Sánchez, María Sánchez Lozano, Diofanto Sánchez Sánchez, Alejandro Sánchez Ramírez, Jorge Edgardo Sánchez Pérez y Marino Sánchez Paredes.
El río Mayo fue un vehículo primordial en el desarrollo económico del Bajo Mayo. Gracias a este río se estrechó un vínculo comercial y social con Juan Guerra, este como puerto intermedio desde Pinto Recodo hasta el río Huallaga. Es por esta razón que esterinos-cuñumbuquinos formaron familias con descendientes de ambas zonas. En uno de sus viajes hacia el Marañón, don Alejandro Sánchez Trigozo (03.05.1898) conoció a la que sería su esposa, Floria Flores Paredes (Juan Guerra, 06.10.1913) y tendrían siete hijos: Ramiro, Carlos Moisés, Hilter, Alejandro Segundo y Manuel Eduardo (que fueron grandes futbolistas), Magna y Tulio. No podemos dejar de decir, casi parodiando a Jorge Melgar Saavedra, quien escribió “El abuelo Felipe”: los ganaderos y alcoholeros de esos tiempos no perdían el tiempo.
El proceso de la formación de las familias cuñumbuquinas es parte del crecimiento y esplendor de Tarapoto. Recordemos que esta ciudad es la creación de inmigrantes. Actualmente, profesionales de ascendencia cuñumbuquina siguen destacando en el escenario tarapotino y siempre demostraron liderazgo, competencia e idoneidad, y soy el primero en reconocerlo. (Comunicando Bosque y Cultura).



