Marisol Pérez Tello develó la cifra en el último debate presidencial.
En el marco del quinto debate de candidatos presidenciales a las Elecciones Generales 2026, la candidata de Primero La Gente, Marisol Pérez Tello, puso sobre la mesa una de las problemáticas más persistentes del Estado peruano: la alta rotación de autoridades en el Poder Ejecutivo. Durante su intervención, afirmó que “desde el 28 de julio del 2016 hasta ahora hay 345 ministros y 18 ministros de Educación”, una cifra que, tras ser contrastada con la Nómina de Ministros del Ministerio de Educación, disponible en el portal oficial del Estado peruano, ha sido verificada como verdadera.
El dato no es menor. Desde el inicio del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski en 2016, el Perú ha atravesado una etapa de profunda inestabilidad política, con múltiples cambios de gabinete, renuncias, censuras y crisis institucionales que han impactado directamente en la continuidad de las políticas públicas. En ese contexto, la cifra de 345 ministros en menos de una década refleja un promedio que evidencia la falta de estabilidad en la conducción del país.
Particularmente crítico es el caso del sector educativo. La existencia de 18 ministros de Educación en ese mismo periodo revela una constante interrupción en la implementación de reformas, programas y estrategias orientadas a mejorar la calidad del sistema educativo. Cada cambio implica no solo un relevo de liderazgo, sino también ajustes de prioridades, equipos técnicos y enfoques de gestión, lo que dificulta la consolidación de políticas sostenibles en el tiempo.
La información, respaldada por la institución oficial correspondiente, pone en evidencia que la afirmación de Pérez Tello no constituye una exageración ni un recurso retórico de campaña, sino una descripción sustentada de la realidad política reciente del país. Este nivel de rotación ministerial no solo afecta la eficiencia del Estado, sino que también repercute directamente en los estudiantes, quienes enfrentan un sistema educativo sin continuidad clara en sus políticas.
Así, más allá del debate electoral, el dato verificado abre una reflexión de fondo: la necesidad de fortalecer la institucionalidad democrática, garantizar mayor estabilidad en los equipos de gobierno y priorizar políticas de Estado que trasciendan los cambios políticos. En un escenario donde los ciudadanos demandan resultados concretos, la continuidad y coherencia en la gestión pública se convierten en condiciones indispensables para el desarrollo del país.



