En medio de una fuerte autocrítica interna, el dirigente y exalcalde de La Banda de Shilcayo Ing. José del Águila responsabiliza a Julio Chávez por la crisis del partido y llama a la militancia a retomar el control democrático para evitar su debilitamiento
Alguna vez lo hemos dicho en este espacio: la democracia está en peligro y la institucionalidad menoscabada. Para analizar este escenario y la crisis interna de un partido histórico conversamos con el Ing. José del Águila.
¿Qué es de la vida de Acción Popular? ¿Qué es lo que pasó?
Estamos pasando por un momento de reingeniería y reorganización a nivel nacional. Sin embargo, se aproximan las elecciones regionales, departamentales y municipales, y ya nos encontramos trabajando en ese proceso.
¿Tienen un diagnóstico interno sobre lo ocurrido?
Se han utilizado las herramientas democráticas, se presentaron apelaciones, pero no se logró que el jurado considere algunas acciones. Se percibió una actitud demasiado implacable, debido a los plazos que no permitieron corregir errores administrativos, lo que finalmente impidió participar en las elecciones presidenciales.
¿Por qué el jurado fue implacable? ¿Y qué responsabilidad tiene Julio Chávez?
Creo que Julio Chávez es el responsable político de lo ocurrido. Él es el presidente del partido y representa a toda la organización. Ha promovido instancias clave como la Secretaría Departamental y el Comité Electoral Nacional, que nos han llevado a esta situación difícil.
Por eso, en su momento se le pidió – incluso en un plenario – que dé un paso al costado y ponga su cargo a disposición para iniciar una reorganización.
¿Qué ocurrió entonces?
No quiso hacerlo. Está en su derecho, pero no se pudo removerlo porque se requería un congreso formal. Si él hubiera dado un paso al costado, hoy estaríamos en otro escenario político, probablemente con una comisión reorganizadora y nuevos aires dentro del partido.
Desde San Martín se pudo haber alertado antes sobre su gestión. ¿Faltó firmeza?
Personalmente, sí lo hice. En el plenario le pedí directamente que ponga su cargo a disposición. No es fácil decirle eso al presidente del partido, pero alguien tenía que hacerlo.
Considero que hubo una irresponsabilidad e inmadurez política. Él debía actuar como árbitro, pero decidió participar activamente, lo que afectó la transparencia del proceso.
Ese liderazgo ha sido contradictorio: en algún momento fue motor, pero hoy representa un factor de desgaste interno.
De cara al próximo proceso electoral, ¿qué se viene?
Hay más de 30 partidos políticos que no pasaron la valla, pero podrán participar en elecciones municipales. Hemos visto resultados desastrosos en varias organizaciones, lo que refleja un fenómeno social: la opinión pública puede cambiar rápidamente.
Incluso casos como Juntos por el Perú, que sin presencia local fuerte logró posicionarse, muestran que la política atraviesa transformaciones profundas.
¿Cómo se explica ese fenómeno?
En Acción Popular existe una base histórica: en los lugares más alejados siempre hay un militante dispuesto a votar por la “lampa”. Lo mismo ocurre con el fujimorismo, que tiene un voto duro.
En contraste, hay partidos sin ideología sólida, donde el respaldo es efímero o coyuntural.
Finalmente, ¿cuál es su mensaje a la militancia?
Debemos seguir haciendo vida partidaria democrática. Cada dos años se renuevan los cuadros dirigenciales, y allí está el futuro del partido y del país.
Si elegimos malos dirigentes, tendremos malas representaciones. Por eso es clave participar. Nos quejamos, pero no participamos. Si alguien toma el control del partido, es porque está trabajando. Debemos buscar personas idóneas, con ideas frescas, transparentes y visión de país.



