Por Willian Gallegos Arévalo
Las historias de los pueblos tienen siempre sus picos o momentos que llegan a significar el cambio de época. Uno de estos momentos fulgurantes sería la llegada del cine. De acuerdo a una información preliminar, el primer cine que se instala en Tarapoto fue la que se ubicaría en la casa de la familia Lazo, en la primera cuadra del jirón Moyobamba, y donde la pantalla de proyección era una de las paredes blancas e inmaculada, vecina al hoy conocido hotel Nilas. Tarapoto por fin tenía un cine donde cambiar su rutina y ampliar su distracción y esparcimiento y sufrir con las historias que presentaban las películas mexicanas.
Don Pedro Santillán Peláez, natural de la provincia de Rodríguez de Mendoza, Amazonas, y que reside por un tiempo en Rioja, en una de sus visitas a Tarapoto descubre las potencialidades de esta ciudad para los negocios y se traslada acá, y el 5 de setiembre de 1947 solicita autorización para instalar un cine parlante y que llegaría a funcionar en el mercado de abastos, donde ahora se ubica la Casa del Maestro. En 1951 en Tarapoto ya funcionaban los cines “Central” y “Victoria”, como se desprende de documentos que he podido encontrar y verificar con referencias orales. Por ejemplo, recuerdo el cine “Victoria”, que se haría famoso por las películas de Tarzán. A don Pedro Santillán Peláez y a don Carlos Augusto Gardini del Castillo se les dedicará un capítulo especial.
Una digresión. Los picos que marcan la historia de Tarapoto fueron los siguientes acontecimientos: la llegada del avión en 1937; la instalación de la Granja El Porvenir y la construcción del Hospital de Tarapoto, a mediados de los años 1940; los cines Victoria y Central, la puesta en servicio de Radio Tropical; la ejecución de la carretera marginal de la selva y del Proyecto de Desarrollo de las Cuencas de los ríos Huallaga Central, Chiriyacu y Nieva y la instalación de la parabólica para las transmisiones vía satélite, solo para recordarlo, pues ya lo dije en capítulos anteriores. Ya nada sería como antes.
En cuanto a la instalación de las salas de cine, Moyobamba nos llevaría la delantera. El diario VOCES (2023) recoge el testimonio de Luis Alberto Vásquez Vásquez (Moyobamba), quien acredita que “Ladislao Brachowicz Kienneger llegó a Moyobamba en 1921 desde Brasil, (…)”, quien con “un motor viejo decidió instalar un cine mudo en 1940 en el mercado de abastos de esa ciudad, para hacer reír a todo el pueblo con la magia de Charles Chaplin”. Debo agregar que un moderno equipo de cine sonoro don Ladislao lo trae por vía área de Trujillo y un semanario moyobambino de la época recoge el acontecimiento.
El cine significaría una expansión del poblador de estas tierras. Las películas de Tarzán y de Mario Moreno “Cantinflas” llenarían de furor a todas las generaciones de la época, creándose en todos nosotros la ilusión que no lo encontrábamos en otros esparcimientos. (Comunicando Bosque y Cultura).



