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Chazuta y el guardián del barro eterno: La historia de Willian Ojanama, el alma viva de Wasichay

A una hora de la ciudad de Tarapoto, a orillas del río Huallaga y entre las montañas del Parque Nacional Cordillera Azul y el Área de Conservación Regional Cordillera Escalera, existe un lugar donde el barro cuenta historias y la cultura se transforma en arte. Ese lugar es Chazuta, tierra ancestral de ceramistas, músicos y sabios amazónicos.

Allí vive Willian Ojanama Sangama, considerado hoy uno de los principales guardianes culturales de su pueblo y una de las figuras más representativas del centro cultural Wasichay.

Willian nació hace 47 años en el barrio de Pasiquihui, en el seno de una familia numerosa donde el arte era parte de la vida cotidiana. Su padre, Indalicio Ojanama Panaijo, fue un reconocido quenista de Chazuta, mientras que su madre, Ercilia Sangama Pizango, destacó como extraordinaria ceramista de la comunidad de Canayo, ubicada a orillas del Huallaga.

Desde niño aprendió a trabajar con el barro. Entre sus primeros recuerdos están las jornadas junto a su madre preparando arcilla y mezclando tierras de distintos colores y texturas para crear piezas únicas. La tierra blanca llegaba desde el distrito de Lagunas, en Alto Amazonas, región Loreto, mientras que la tierra amarilla provenía de Lamas.

Quienes lo conocieron en su juventud recuerdan a un muchacho silencioso, observador y talentoso. En 1995 participó en un taller de cerámica en el centro cultural Waska Waska Warmi Wasi, en la comunidad Wayku, en Lamas. Allí ya demostraba una habilidad especial para moldear el barro y una profunda sensibilidad hacia la cultura amazónica.

Ese mismo año inició su camino en el centro cultural Wasichay, “Casa del Saber”, considerado uno de los espacios culturales más importantes de Chazuta. Allí perfeccionó la cerámica tradicional bajo la guía de la hermana Juanita Bartra, quien dejó una profunda huella en la preservación cultural del pueblo.

Gracias a su esfuerzo obtuvo una beca para estudiar en el Taller Escuela del Ayuntamiento de Pamplona, en Navarra, España. Durante un año aprendió nuevas técnicas y estilos de cerámica moderna junto al maestro Yosu Goñi.

Sin embargo, lejos de apartarlo de sus raíces, la experiencia fortaleció aún más su amor por Chazuta. “Estar en una escuela de cerámica en el extranjero me formó más como ceramista y me hizo amar más a mi pueblo”, comenta Willian.

Actualmente, se ha convertido en uno de los principales rostros del turismo cultural de Chazuta. Trabaja como orientador turístico en la nueva infraestructura del centro cultural Wasichay, donde recibe a visitantes nacionales y extranjeros interesados en conocer los secretos de la ancestral cerámica amazónica.

Pero su labor va mucho más allá del turismo. Willian transmite identidad y orgullo cultural. Enseña a los jóvenes a valorar sus raíces, hablar el idioma quechua, respetar la música tradicional y reconocer la riqueza artística de su pueblo.

En Wasichay no solo se preserva la cerámica; también sobreviven los bordados tradicionales, la cestería, la música y las historias ancestrales que han resistido el paso del tiempo.

En el marco del Día Internacional de los Museos, que se celebra cada 18 de mayo, visitar Wasichay significa ingresar a un universo lleno de símbolos, colores y espiritualidad. Las famosas urnas funerarias, las vasijas ceremoniales y las piezas decorativas revelan la herencia cultural que convirtió a la cerámica de Chazuta en Patrimonio Cultural de la Nación.

Cada espacio del centro cultural despierta admiración. El visitante no solo observa objetos antiguos; también escucha relatos, descubre tradiciones y comprende cómo el arte puede mantener viva la memoria de un pueblo.

Por eso, llegar a Chazuta es mucho más que hacer turismo. Es vivir una experiencia auténtica: caminar por sus calles tranquilas, navegar por el río Huallaga y conversar con artistas como Willian Ojanama permite conectarse con una cultura que aún conserva su esencia.

El ingreso al centro cultural tiene un costo accesible: 10 soles para adultos y 5 soles para niños. Sin embargo, la experiencia vale mucho más, porque permite descubrir el compromiso de hombres y mujeres que defienden su identidad cultural frente al olvido.

En tiempos en los que muchas tradiciones desaparecen, Willian Ojanama Sangama demuestra que el arte puede convertirse en resistencia, educación y esperanza. Su historia confirma que la cultura sigue viva cuando alguien decide compartirla con orgullo.

Tomás Cotrina Trigozo
Docente universitario
Gestor cultural
ANP – Lamas
RECINATUR

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