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San Martín entre las regiones con peores resultados en matemáticas: Brecha educativa golpea con fuerza a la Amazonía peruana

En la Amazonía peruana, el aprendizaje infantil enfrenta una crisis profunda. La desnutrición, la anemia, las barreras lingüísticas y la precaria infraestructura escolar provocan que apenas el 10% de los niños comprenda lo que lee. Esta realidad exige un abordaje urgente y estructural.

El mapa educativo del Perú vuelve a mostrar un país partido en dos. Mientras las regiones del sur consolidan mejores resultados en aprendizaje escolar, gran parte de la Amazonía continúa atrapada en indicadores preocupantes que revelan no solo deficiencias académicas, sino también desigualdades sociales acumuladas durante décadas. Así lo evidencia el reciente informe elaborado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), basado en la Encuesta Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA) 2025, donde se analiza el desempeño en matemáticas de estudiantes de cuarto grado de primaria.

Los resultados ubican a Tacna como la región con mayor porcentaje de alumnos con rendimiento satisfactorio en matemáticas, alcanzando un 54.6%, seguida de Moquegua con 52% y Puno con 42.1%. En contraste, el extremo más crítico lo representa Loreto, que apenas alcanza un 6.4%, convirtiéndose en la región con menor logro educativo del país. La diferencia es dramática: Tacna supera en casi diez veces el desempeño registrado en Loreto.

En el caso de San Martínla situación tampoco es alentadoraLa región aparece entre las más rezagadas del Perú con apenas 19.2% de estudiantes que logran resultados satisfactorios en matemáticas, muy por debajo del promedio nacional, que se ubica en 30%. También figuran en la zona crítica regiones amazónicas como Ucayali (18%) y Madre de Dios (16.7%), reflejando una problemática persistente en el oriente peruano.

El informe del IPE sostiene que “los departamentos del sur presentan los mayores niveles de aprendizaje en matemática, mientras el oriente concentra los resultados más rezagados”. Detrás de estas cifras existe una realidad compleja marcada por brechas de conectividad, infraestructura deficiente, dificultades de acceso geográfico, limitada capacitación docente y altos niveles de pobreza rural.

En regiones amazónicas como San Martín y Loreto, miles de escolares estudian todavía en instituciones educativas con escaso equipamiento, acceso irregular a internet y materiales pedagógicos insuficientes. A ello se suma la dispersión poblacional y las dificultades logísticas para garantizar una educación continua y de calidad en comunidades alejadas.

A este panorama se agregan problemas estructurales que afectan directamente el aprendizaje infantil: la persistente desnutrición crónicalos altos índices de anemia, las dificultades derivadas de la educación intercultural bilingüe mal implementada y la falta de atención integral a la primera infancia. Diversos especialistas coinciden en que un niño que llega mal alimentado a clases o que no comprende plenamente el idioma en el que se le enseña enfrenta una desventaja enorme desde sus primeros años escolares.

Especialistas en educación advierten que el problema no puede reducirse únicamente al rendimiento académico. Las cifras reflejan también la ausencia de políticas públicas sostenidas que permitan cerrar brechas históricas entre la costa, la sierra y la amazonía. Mientras algunas regiones lograron fortalecer capacidades docentes, mejorar gestión educativa y priorizar inversión en aprendizaje, otras continúan sobreviviendo con recursos limitados y baja atención estatal.

El caso de Tacna y Moquegua demuestra que sí es posible mejorar resultados cuando existen continuidad en las políticas educativas, inversión pública eficiente y acompañamiento pedagógico permanente. Sin embargo, la pregunta de fondo sigue siendo incómoda: ¿por qué el lugar donde nace un niño en el Perú sigue determinando sus oportunidades de aprendizaje?

La realidad expuesta por la ENLA 2025 no solo interpela al Ministerio de Educación, sino también a gobiernos regionales, municipalidades, universidades y a la sociedad en su conjunto. Porque detrás de cada porcentaje existen miles de niños y niñas cuyo futuro depende de una educación capaz de ofrecer igualdad de oportunidades y romper los ciclos de exclusión.

En un país que aspira al desarrollo, las matemáticas terminan revelando mucho más que números. Revelan territorios olvidados, brechas persistentes y una deuda histórica con la niñez amazónica que todavía espera ser saldada.

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