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SAN MARTÍN: ABUNDAN LOS PLANES AMBIENTALES, PERO AVANZA LA DEFORESTACIÓN

RIMAYKUNA SACHAMANT

Ludwig H. Cárdenas Silva
Columnista

San Martín probablemente sea una de las regiones con mayor cantidad de planes e instrumentos de gestión ambiental elaborados durante las últimas dos décadas. Tiene Zonificación Ecológica Económica (ZEE), Planes de Ordenamiento Territorial en la mayoría de provincias, Plan Forestal Regional, Planes de Desarrollo Urbano en muchas ciudades y prácticamente todos los instrumentos ambientales exigidos por ley: Política Ambiental Regional, Agenda Ambiental Regional, Sistema Regional de Gestión Ambiental, Estrategia Regional de Diversidad Biológica y diversos planes climáticos. Sobre el papel, parecería una región modelo en sostenibilidad. El problema es que muchos de esos documentos terminan sirviendo más para decorar oficinas y alimentar discursos institucionales que para orientar decisiones reales sobre el territorio.

Hace un año, durante el proceso de actualización de la ZEE de San Martín, quedó en evidencia una realidad tan reveladora como preocupante. A los talleres de socialización asistían ciudadanos interesados en el futuro ambiental de la región: agricultores, estudiantes, comerciantes, dirigentes vecinales y algunos profesionales sensibilizados con la crisis ambiental amazónica. Sin embargo, brillaban por su ausencia muchas de las autoridades y funcionarios que deberían conocer, defender y aplicar precisamente estos instrumentos de planificación territorial.

No estaban quienes autorizan urbanizaciones, aprueban proyectos extractivos o promueven carreteras sin criterio técnico. Tampoco quienes hablan diariamente de “desarrollo sostenible” mientras permiten la destrucción de ríos, quebradas y áreas verdes, producto del avance del cemento y del crecimiento urbano cada vez más desordenado y sofocante.

Solo un pequeño porcentaje de autoridades regionales, provinciales y distritales entiende realmente qué significa la ZEE y por qué el Ordenamiento Territorial debería orientar toda decisión pública relacionada con el territorio. Y eso explica bastante de lo que hoy ocurre en la región.

La ZEE no es un mapa decorativo ni un documento burocrático destinado a llenar archivadores. Es una herramienta que nos permite conocer las potencialidades y limitaciones de un territorio. Es un instrumento científico que identifica qué zonas deben conservarse, dónde existen riesgos ecológicos y qué actividades podrían destruir irreversiblemente el equilibrio territorial. En teoría, sirve para evitar justamente lo que hoy vemos en San Martín: deforestación de cabeceras de cuenca, expansión urbana caótica, invasiones en áreas protegidas y pérdida progresiva de bosques amazónicos. Pero aquí sucede algo paradójico: mientras más instrumentos ambientales existen, más avanza la deforestación y el crecimiento desordenado.

En épocas electorales la situación alcanza niveles casi surrealistas. Hay candidatos que prometen obras de infraestructura dentro de áreas naturales protegidas, como si las microcuencas y los bosques fueran simples terrenos vacíos esperando la llegada redentora del concreto.

Mientras tanto, desde Lima continúan impulsándose concesiones mineras sobre territorios amazónicos extremadamente frágiles. La Amazonía sigue siendo vista por muchos “tecnócratas” como una despensa infinita de recursos naturales, ignorando que los bosques sostienen la regulación climática y la seguridad hídrica regional.

Lo más grave es que los diagnósticos ya existen desde hace décadas. La propia ZEE advirtió claramente que gran parte del territorio sanmartinense tiene vocación de protección y conservación ecológica. Sin embargo, numerosos instrumentos ambientales terminan convertidos en archivos PDF condenados al olvido institucional.

San Martín parece haber perfeccionado un modelo bastante peculiar de gestión ambiental: producir abundantes documentos técnicos mientras el territorio continúa deteriorándose silenciosamente. Las autoridades, hoy más que nunca, deben comprender que, sin bosques, sin agua y sin una verdadera planificación territorial, el supuesto progreso terminará convirtiéndose en una forma de colapso ambiental.

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