Para que el desarrollo sea duradero en San Martín, es necesario combinar el impulso transformador del agro y el comercio con el acceso universal a servicios básicos de calidad que protejan a las familias vulnerables.
A pesar de los avances socioeconómicos registrados en los últimos años, San Martín enfrenta una realidad contundente donde el 21% de la población de San Martín —que equivale a más de 203 mil personas— vivió en 2025 con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas. Aunque este panorama resulta favorable en comparación con el 25% registrado en 2019 y se posiciona por debajo del promedio nacional (27,5%), muchas familias aún tienen ingresos frágiles en la región. Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), una persona en el país requiere S/462 al mes para cubrir una canasta básica compuesta por alimentos, transporte, vivienda, salud y educación; esto implica que una familia de cuatro personas requeriría como mínimo S/1,848 soles al mes para cubrir sus necesidades básicas, umbral debajo del cual se configura la pobreza monetaria. Frente a este reto, Franco Saito, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), enfatiza que para seguir reduciendo la pobreza, es necesario fortalecer las actividades productivas de la región y generar un entorno adecuado que permita la creación de más empleo, mejores ingresos y mayores oportunidades para los hogares, destacando que el bienestar familiar depende principalmente de sectores como la agricultura y el comercio, que sostienen a miles de hogares y permiten que los productos lleguen a distintos mercados.

El motor que impulsa a San Martín reside indiscutiblemente en su campo y en sus redes de distribución. De acuerdo con el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), la economía de San Martín se sostiene principalmente en el agro, impulsada por una producción de arroz, café, cacao y plátano que genera empleo para miles de familias y abastece el mercado nacional e internacional. En este contexto, la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) sostiene que mejorar la productividad implica que los agricultores puedan producir más y obtener mejores ingresos por su trabajo, para lo cual es necesario ampliar el acceso a tecnología, maquinaria, fertilizantes y asistencia técnica. A la par del agro, el comercio cumple un papel importante porque conecta la producción regional con los consumidores, demostrando que cuando existen mejores condiciones para trasladar y vender los productos, los productores y negocios locales pueden ampliar sus mercados y generar mayores ingresos. No obstante, el crecimiento productivo resulta insuficiente si no va acompañado de infraestructura social; por ello, Franco Saito añade que este avance también requiere un entorno adecuado, con servicios básicos de calidad que permitan a las personas desarrollar sus capacidades y aprovechar las oportunidades que ofrece la economía regional, la única vía para que más hogares podrán mejorar su bienestar y reducir su vulnerabilidad.

Sin embargo, las tareas pendientes en San Martín demandan urgente atención, ya que un choque imprevisto como una enfermedad, la pérdida de empleo o la inflación podría revertir los logros alcanzados. Datos de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) advierten que cerca del 42% de la población de la región se encuentra en situación de vulnerabilidad monetaria, un porcentaje superior al promedio nacional (32,8%), lo que significa que miles de ciudadanos no disponen del margen financiero necesario para afrontar eventualidades sin erosionar gravemente su calidad de vida. Para mitigar estos riesgos, organismos internacionales como el Banco Mundial señalan que reducir la pobreza en Perú de manera sostenida requiere políticas públicas que amplíen el acceso a servicios de calidad, como agua, saneamiento, electricidad e internet, así como promover la formalización y mejorar la calidad del empleo para fortalecer los ingresos de los hogares. Aplicar esta perspectiva a San Martín exige mejorar la conectividad, ampliar el acceso a internet y garantizar una educación de calidad para que más personas puedan acceder a mejores oportunidades. Como concluye el especialista de REDES, para reducir la pobreza de manera sostenida, es necesario que la economía continúe generando oportunidades de empleo e ingresos para las familias, al tiempo que se requiere mejorar la infraestructura y los servicios públicos, como educación, salud, conectividad y servicios básicos, para que más personas puedan aprovechar esas oportunidades y mejorar sus condiciones de vida.



