El inesperado encuentro evidenció el desconocimiento ciudadano frente a la fauna amazónica y la necesidad de fortalecer la educación ambiental para proteger tanto a las personas como a las especies silvestres.
El hallazgo de una boa de aproximadamente tres metros de longitud generó momentos de tensión entre los vecinos del asentamiento humano Paraíso Parte Baja, en Yurimaguas, luego de que el reptil apareciera a pocos metros de las viviendas y muy cerca del espacio donde diariamente juegan decenas de niños. El episodio movilizó rápidamente a los moradores, quienes, dominados inicialmente por el temor, rodearon al animal con palos y machetes, mientras unos proponían eliminarlo para evitar un posible ataque y otros pedían actuar con prudencia y permitir que regresara a su hábitat natural.
Tras varios minutos de incertidumbre, prevaleció la calma y el sentido común. Los vecinos optaron por abrir un espacio para que la serpiente pudiera internarse nuevamente en una zona boscosa cercana, evitando causarle daño. La decisión fue reconocida por varios pobladores como una reacción poco habitual, considerando que el miedo suele llevar a muchas personas a eliminar este tipo de animales por desconocimiento.
José Huiñapi, vecino del sector, relató que el tamaño de la boa causó gran preocupación entre las familias. «Nos llevamos un susto enorme. Cuando vimos el tamaño de la boa pensamos que podía atacar a los niños. La mayoría quería matarla, pero algunos dijimos que también era un ser vivo y que seguramente había salido del monte buscando refugio», manifestó.
El incidente ocurrió en un sector donde el crecimiento urbano continúa avanzando sobre áreas que antes formaban parte del bosque amazónico. Muchos asentamientos humanos de Yurimaguas se encuentran rodeados por vegetación secundaria, quebradas y pequeños relictos de bosque que aún sirven como refugio para numerosas especies silvestres. Especialistas explican que las boas suelen desplazarse hacia zonas pobladas debido a la búsqueda de alimento, las inundaciones estacionales, los incendios forestales, la pérdida de cobertura vegetal y la constante expansión de nuevas viviendas sobre antiguos corredores biológicos. Durante la temporada de lluvias estos encuentros suelen incrementarse porque muchos animales silvestres abandonan sus refugios naturales.
Los expertos recuerdan que la boa constrictora no posee veneno y rara vez representa un peligro para las personas si no es molestada. Su alimentación se basa principalmente en roedores, zarigüeyas, aves, murciélagos y pequeños mamíferos, desempeñando un importante papel en el equilibrio ecológico al controlar poblaciones de especies que pueden afectar cultivos o transmitir enfermedades. Asimismo, precisan que estos reptiles prefieren evitar el contacto con los seres humanos y únicamente reaccionan de manera defensiva cuando son perseguidos, golpeados o intentan capturarlos.
Un biólogo consultado explicó que la presencia de una boa cerca de la ciudad demuestra que todavía existen ecosistemas relativamente saludables en los alrededores y sostuvo que el verdadero problema no es el animal, sino el desconocimiento de la población sobre cómo actuar ante estos encuentros.
Frente a este tipo de situaciones, especialistas recomiendan mantener la calma, conservar una distancia prudente, no intentar capturar ni acorralar al animal, alejar inmediatamente a niños y mascotas, evitar cualquier agresión y comunicar el hecho a las autoridades competentes para que evalúen la intervención. Por: Segundo Chuquipiondo



