La región revive el temor de la crisis hídrica y los incendios forestales que marcaron los últimos años. Mientras los organismos técnicos advierten un escenario de sequía y altas temperaturas, crece el llamado para que autoridades y ciudadanía actúen antes de que la emergencia nos vuelva a golpear.
La experiencia dejó una lección que San Martín no puede darse el lujo de olvidar. Hace apenas dos años, la región soportó una de las temporadas más críticas de estrés hídrico, con ciudades donde el agua para consumo humano comenzó a escasear, ríos y quebradas reducidos a niveles históricos, pérdidas en los cultivos de cacao, afectación a la ganadería y devastadores incendios forestales que consumieron miles de hectáreas de bosques, destruyendo flora y fauna silvestre. Ese escenario amenaza con repetirse.
El Comité Multisectorial Encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) y el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI) mantienen vigente la alerta por El Niño Costero, fenómeno que, aunque concentra sus mayores efectos en la costa peruana, también modifica las condiciones climáticas de la Amazonía.

Los especialistas advierten que el calentamiento anómalo del Pacífico oriental alterará los patrones de humedad hacia la selva, generando un déficit de lluvias, temperaturas ambientales superiores a lo normal y un escenario altamente favorable para la ocurrencia de incendios forestales.
De acuerdo con el pronóstico estacional extendido, las lluvias permanecerán por debajo de sus promedios históricos hasta el inicio de la primavera, intensificando el periodo de estiaje en las principales cuencas amazónicas. Los caudales de ríos como el Río Mayo, Huallaga, Sisa, Tonchima y Cumbaza podrían disminuir considerablemente, comprometiendo el abastecimiento de agua potable, dificultando el transporte fluvial y afectando el traslado de alimentos, combustibles y productos agrícolas hacia decenas de comunidades.
Pero la mayor preocupación vuelve a centrarse en los incendios forestales. La combinación de calor extremo, vegetación seca y la persistencia de la quema de rastrojos para preparar terrenos agrícolas constituye la fórmula perfecta para que el fuego se propague rápidamente. Cada año, esta práctica continúa siendo la principal causa de los incendios que terminan arrasando cultivos, bosques y áreas de conservación.

«Hace dos años San Martín fue golpeada por un elevado estrés hídrico. El agua para consumo humano escaseó en casi todas las ciudades de la región; los ríos y quebradas bajaron a niveles históricos; hubo pérdidas en los sembríos de cacao, la ganadería sufrió importantes daños y los incendios forestales arrasaron con flora y fauna«, recuerdan especialistas consultados, quienes consideran que esta experiencia debe servir para fortalecer las acciones preventivas antes de que la situación vuelva a agravarse.
En ese contexto surge una pregunta inevitable: ¿qué se está haciendo para evitar que la historia se repita? Diversos sectores consideran urgente que el Gobierno Regional de San Martín, los municipios provinciales y distritales, junto con Defensa Civil, impulsen campañas permanentes de sensibilización para erradicar la quema de rastrojos y fortalecer la educación ambiental en las zonas rurales.
Asimismo, plantean que se organice al menos un simulacro regional de incendios forestales en cada una de las provincias de San Martín, involucrando a instituciones públicas, comunidades, agricultores, colegios y organizaciones civiles. El objetivo es que la población conozca cómo actuar ante una emergencia, pero, sobre todo, comprenda que la prevención comienza evitando las quemas agrícolas que, en la mayoría de casos, terminan fuera de control.
Otra preocupación apunta a la capacidad de respuesta. Se espera que Defensa Civil mantenga una coordinación permanente con los gobiernos locales para movilizar brigadas, maquinaria y recursos logísticos cuando se registren incendios forestales, reduciendo el tiempo de reacción y evitando que las emergencias alcancen mayores dimensiones.

Las cifras actuales tampoco invitan al optimismo.
Mientras ENFEN y SENAMHI recomiendan a la población seguir diariamente los avisos meteorológicos y adoptar medidas de prevención, la realidad demuestra que enfrentar El Niño Costero no dependerá únicamente de los pronósticos, sino de la capacidad de las autoridades para actuar con anticipación y de la responsabilidad ciudadana para abandonar prácticas que siguen alimentando la tragedia.
Porque cuando el bosque arde, no solo se pierden árboles. Se pierde biodiversidad, se afecta la economía de miles de familias, disminuye la disponibilidad de agua y se compromete el futuro de toda una región. San Martín aún está a tiempo de prevenir una nueva emergencia. La decisión debe tomarse ahora, antes de que el humo vuelva a cubrir el cielo amazónico. Fuentes consultadas: ENFEN, SENAMHI, OTCA, e informes técnicos sobre el comportamiento climático en la amazonia peruana.



