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El bosque que alimenta: el mercado de 18 hectáreas del “Ermitaño del Chumbaquihui”

En el distrito de Pinto Recodo, camino a la comunidad de Chumbaquihui, provincia de Lamas, existe un lugar donde el bosque no es visto como un obstáculo que debe ser talado, sino como un verdadero mercado natural. En más de 18 hectáreas, el licenciado en Turismo Salatiel Alarcón Chávez, conocido por los pobladores como el “Ermitaño del Chumbaquihui”, ha construido una particular forma de vida basada en la convivencia con la naturaleza.

Salatiel desarrolla prácticas de agroforestería, agricultura regenerativa y medicina integrativa, bajo una filosofía sencilla: aprovechar el bosque sin destruirlo. En lugar de talar árboles para establecer monocultivos o ampliar sus áreas de cacao, apuesta por conservar y aprovechar la biodiversidad.

Durante una reciente visita al bosque, acompañado por el reconocido chef sevillano Daniel del Toro, se pudo conocer esta experiencia en la que la biodiversidad se convierte en alimento, conocimiento y cultura. El chef degustó diversos productos del bosque, entre ellos el suri, una larva rica en proteínas, y la larva asociada al fruto de la shapaja.

El bosque también demuestra cómo los ecosistemas conservados pueden contribuir a la cosecha y protección del agua, así como a la conservación del suelo y la adaptación frente a los efectos del cambio climático.

Uno de los proyectos impulsados por Salatiel es Mashu Sacha, que significa “árbol viejo”, una propuesta orientada a recuperar conocimientos ancestrales sobre el cuidado de los árboles gigantes, considerados semilleros y guardianes del bosque. En lugar de verlos como madera disponible, los reconoce como elementos fundamentales para la regeneración natural.

Durante la visita, Daniel del Toro quedó sorprendido al comprobar que en estas 18 hectáreas se puede encontrar buena parte de los alimentos necesarios para vivir, convirtiendo al bosque en un verdadero mercado natural.

La experiencia también tuvo un componente gastronómico. El chef preparó una ensalada de chonta y callampa, acompañada con sal de Pilluana y aceite de oliva, además de un trago elaborado con mucílago de cacao y aguardiente de caña. La propuesta mostró cómo la gastronomía puede dialogar con el territorio y poner en valor los productos locales.

Esta experiencia plantea también una nueva mirada al turismo: no solo conocer los paisajes, sino aprender de ellos y comprender la importancia de conservarlos.

La visita puede complementarse con recorridos hacia las cascadas El Ponguito y un almuerzo buffet de comida indígena kechwa preparado por las mujeres de la comunidad de Chumbaquihui.

Los recorridos se realizan previa reserva al 962 572 044.

Tomás Cotrina Trigozo
Docente universitario – Gestor cultural – Miembro de la ANP Lamas

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