Por: Blgo. Mblgo. Prstlgo. M.Sc. Oscar Rojas Sánchez, Blgo. Mblgo. Prstlgo. M.Sc. Cesar D. Quesquen López, Ing. M. Sc. Marvin Barrera Lozano Ing. Msc. Jorge Luis Peláez Rivera, Lic. Msc. Juan Carlos Ipanaque Palacios, Lic. M. Sc Telmo Zavaleta Rosas.
Las infecciones vaginales son uno de los motivos más comunes por los que las mujeres acuden a sus consultas. En regiones con recursos limitados, estas infecciones provocan un alto porcentaje de complicaciones de salud en las madres y enfermedades graves en los recién nacidos. En la última década, estas infecciones han aumentado de forma alarmante, y el enemigo principal es Candida albicans.
Esta levadura afecta especialmente a gestantes. Durante el embarazo, el cuerpo vive una auténtica revolución: los niveles de estrógeno se disparan y las defensas del sistema inmunológico bajan de forma natural. Este escenario es el hogar perfecto si no se trata a tiempo la infección puede desencadenar situaciones muy dolorosas desde partos prematuros, abortos espontáneos, rotura prematura de membranas o bebés que nacen con bajo peso. Incluso, existe el riesgo de que el hongo ascienda e infecte la bolsa amniótica en hasta un 2 % de los casos.
El síntoma más evidente y molesto, es una intensa sensación de escozor en la parte externa de los genitales. Aunque solemos pensar que es un problema exclusivo de las mujeres (afectando la vulva y los labios vaginales), los hombres también pueden sufrirlo en la zona del glande y el prepucio.
Lo peligroso de la Candida albicans es su capacidad para camuflarse. Tiene un comportamiento «dimórfico», cambia de forma según el tiempo que lleve viviendo en el cuerpo. En los primeros meses de contagio se presenta como una célula simple (levadura), pero si la infección se prolonga, se transforma en una estructura más compleja llamada hifa. Descubrir en qué etapa se encuentra es vital para tomar decisión de cuánto tiempo debe durar el tratamiento.
Históricamente, el tratamiento estándar ha sido el uso de antifúngicos como el Fluconazol. Al principio, bastaba con tomar una sola cápsula al mes para eliminarlo. Sin embargo, Candida albicans se ha vuelto inteligente y resistente. Hoy en día, esa dosis ya no es suficiente, lo que obliga a medicar de 5 o 7 días durante un periodo largo de uno a dos meses.
Ante esta preocupante resistencia médica, la ciencia ha vuelto la mirada hacia las plantas nativas como la Minthostachys mollis, conocida como muña. Los aceites esenciales extraídos de sus hojas han demostrado tener efectos muy favorables para combatir y frenar el avance de este microorganismo.
Finalmente, no debemos olvidar que este hongo es un oportunista. Aunque su impacto en los genitales es el más conocido, tiene la capacidad de colonizar otras partes de nuestro cuerpo.


