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Daniel Coral Pérez: El pensamiento de un hombre que creyó en el servicio

Con la partida de Daniel Coral Pérez se va un dirigente de una generación que entendió la política como vocación, la amistad como lealtad y la función pública como un compromiso con los demás. Queda, sin embargo, su pensamiento: una invitación a no abandonar los espacios que la sociedad necesita recuperar.

Por: Beto Cabrera Marina

Hay hombres cuya partida deja silencio. Y hay hombres cuya ausencia obliga a escuchar con mayor atención aquello que dijeron durante toda una vida. Daniel Coral Pérez acaba de partir, pero su pensamiento queda entre nosotros como una conversación inconclusa.

Fue dirigente, político, alcalde, constituyente, hombre de prensa, notario, docente universitario y amigo. Pero detrás de cada una de esas facetas había una misma idea: la vida pública debía estar al servicio de la gente.

Coral perteneció a una generación que creyó en la política como una vocación. Recordaba a Fernando Belaúnde Terry y aquella frase que resumía una manera de entender el poder: “Sin camiones, sin millones y sin matones”Para él, la política debía sostenerse en ideales, convicciones, honestidad y trabajo; no en el dinero, la agresión ni el oportunismo.

Miraba con preocupación el presente. Le dolía ver cómo personas valiosas se alejaban de la política, cansadas de la confrontación, el insulto y el ataque personal. Y advertía el peligro: cuando los buenos se retiran, los aventureros ocupan los espacios vacíos, advertía.

Por eso depositaba su esperanza en los jóvenes.

No quería que ellos contemplaran la política desde lejos ni que la consideraran un territorio sucio y ajeno. Les pedía preparación, responsabilidad y participación. “Tienen que responsabilizarse de la conducción de nuestros pueblos y nuestras instituciones”, repetía.

Esa frase adquiere hoy otra dimensión.

Porque Daniel Coral sabía que una democracia no se sostiene únicamente con elecciones. Se sostiene con ciudadanos que participan, que se organizan, que defienden sus instituciones y que entienden que también tienen deberes.

Recordaba con afecto aquella Tarapoto donde los vecinos se unían en faenas comunales para pavimentar calles, impulsar la electrificación, obras para agua y saneamiento y sacar adelante proyectos comunes. Una época en la que la comunidad no esperaba todo de la autoridad. También asumía su parte.

Ese era su pensamiento profundo: una sociedad no puede reclamar permanentemente mejores autoridades si no está dispuesta a participar en la construcción de mejores instituciones.

Incluso frente a la inteligencia artificial, una de las grandes transformaciones de nuestro tiempo, Coral mantenía la misma preocupación: la tecnología puede ser poderosa, pero la responsabilidad seguirá siendo humana.

Quizá esa sea la mejor síntesis de su vida.

Cambian las herramientas, cambian los tiempos, cambian los protagonistas, pero no deberían cambiar los valores: honestidad, respeto, responsabilidad y servicio.

Daniel Coral Pérez se ha ido, pero nos deja una tarea.

No basta con recordarlo. Hay que escuchar lo que nos decía:  “Los espacios públicos no deben quedar vacíos. Si los hombres y mujeres de bien se apartan, otros decidirán por ellos”.

Ese es quizás su último mensaje.

Que los jóvenes participen. Que los ciudadanos vuelvan a comprometerse. Que la política recupere su dignidad. Y que el poder vuelva a entenderse por lo que Daniel Coral creyó que siempre debía ser: una responsabilidad con los demás y nunca una oportunidad para servirse de los demás.

Descansa en paz, Daniel.

Tu generación se va, pero tu pensamiento queda. Y ahora corresponde a los que vienen demostrar que aquella política basada en ideales, amistad, palabra y servicio todavía es posible.

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