Para ex ministra Medio Ambiente Albina Ruiz Rios
Condenamos las pretensiones de desmantelar el presupuesto mínimo de protección y abrir las áreas naturales protegidas a la voracidad extractivista, ignorando que el agua, los bosques y la vida no tienen precio de reposición.
En medio de una profunda preocupación por la anunciada reestructuración del Ministerio del Ambiente, la especialista advierte que el principal problema de la cartera ambiental no es su diseño, sino la extrema precariedad financiera, al contar históricamente con un presupuesto mínimo e insuficiente, evidenciado en la escasez de fondos reales para reforestación y gestión pública.
A pesar de que muchas veces se acusa al Estado de retrasar permisos, el verdadero cuello de botella radica en consultorías deficientes presentadas por las empresas y en la falta de articulación interoperativa entre entidades clave como SENASE y OEFA. Lejos de desaparecer o debilitar instituciones fundamentales como el Programa Bosques, la prioridad debe ser garantizar que los recursos lleguen directamente a las comunidades nativas y pequeños usuarios, alejando los fondos de las costosas consultorías internacionales y cerrando brechas sociales profundas.

Frente a las recurrentes amenazas que se ciernen sobre la Amazonía – como la intervención en áreas naturales protegidas para la extracción de hidrocarburos, minería en bosques primarios y la afectación directa a cabeceras de cuenca, nacientes de ríos y quebradas esenciales para regiones como San Martín -, se advierte el inminente peligro de un punto de no retorno ecológico.
El enorme valor de la Amazonía radica en ser el motor de la biodiversidad y el clima global, compromisos suscritos por el Perú en acuerdos internacionales de cambio climático y biodiversidad, donde aún estamos lejos de cumplir con la meta obligatoria del 30% de áreas bajo conservación, a diferencia de naciones como Costa Rica, que apostaron por el turismo sostenible como el oro que nunca se acaba.
A pesar de las múltiples adversidades, un presupuesto mínimo y las constantes trabas políticas, a pesar de todo se está trabajando para reforestar en la selva gracias al esfuerzo articulado con comunidades locales y pequeños usuarios del bosque que han logrado potenciar su trabajo productivo. Sin embargo, la amenaza de actividades extractivas irresponsables en ríos y bosques primarios pone en riesgo la supervivencia hídrica y alimentaria de las futuras generaciones.

Albina Ruiz hace un llamado a las organizaciones políticas y a la sociedad civil para defender la Amazonía y la Madre Tierra, recordando siempre que, en palabras de Stephanie Shamie, «no puede haber una empresa exitosa en una sociedad fracasada».
Defender los bosques y la vida no es una opción ideológica, es la última línea de defensa de la humanidad; si permitimos que la codicia hipoteque nuestras fuentes de agua y nuestra biodiversidad, no habrá economía ni desarrollo capaces de comprarnos un nuevo hogar. ¡Los bosques no se venden, se defienden con la vida!



