Obst. Carmen Ordóñez Aguirre
Cada generación construye su identidad con palabras propias. Hoy, los adolescentes dicen «farmear aura»: acumular, como en los videojuegos, puntos de prestigio frente al grupo. No es una moda trivial; es un código social que revela cómo se mide el valor personal en la cultura digital: por visibilidad, validación y pertenencia.
Desde la antropología sabemos que el lenguaje no solo describe la realidad: la organiza. Cuando la sexualidad entra en esta lógica, el inicio sexual se vuelve un rito de paso exhibido, una «hazaña» que otorga aura. El cuerpo se convierte en moneda de reconocimiento, y el embarazo no planificado, en su costo invisible.
Por eso, ninguna intervención preventiva funcionará si los adultos seguimos hablando un idioma que los adolescentes no reconocen. Los mensajes de prohibición rebotan; los que dialogan con su mundo simbólico, llegan. Conocer su lenguaje es la puerta de entrada para promover una sexualidad sana, justa e informada.
Familias, escuelas y servicios de salud tenemos que resignificar el aura. *Tú, adolescente, decides sobre tu cuerpo. Nadie gana prestigio presionando a otro; si es no, es no.* La verdadera aura está en decidir, respetar y sostener un proyecto de vida. Prevenir no es prohibir: es entender para acompañar.



