Por Kuri Anka
Los griegos llamaban hybris a la desmesura, y sabían que siempre la seguía némesis, la consecuencia. Para ellos, lo ilimitado no era libertad, sino caos.
Incluso Maquiavelo, el más polémico y realista de los pensadores del poder, lo entendió así. En El Príncipe comparó la fortuna con un río que, al embravecerse, inunda llanuras y derriba casas, y advirtió que solo la contienen los «diques y reparos» construidos en tiempos de calma. En sus Discursos fue más lejos: las tierras fértiles solo prosperan si las leyes reducen «a justos límites» su natural riqueza. Pocas frases describen mejor a la Amazonía.
Ordenanzas, planes urbanos y zonificaciones son nuestros diques. En Ricuricocha, el Concejo Provincial derogó el plan específico que permitía urbanizar una zona colindante a un humedal que el PDU declara no urbanizable. Aun así, según ha informado este diario, se siguen ofertando lotes. Un dique que se ignora no protege a nadie.
No es un caso aislado. Según el Instituto Peruano de Economía, casi dos de cada tres viviendas urbanas creadas entre 2007 y 2024 surgieron de lotizaciones informales u ocupaciones ilegales.
Si nada cambia, el escenario tendencial para San Martín es claro. Quebradas con cabeceras deforestadas y aguas contaminadas. Humedales lotizados que ya no absorberán las lluvias. Familias que compraron de buena fe esperando años por agua y desagüe. Y un clima cada vez más extremo: sequías como las que se han asociado al Fenómeno El Niño, que debilitan los suelos removidos por el cambio de uso, y luego lluvias intensas que los arrastran sobre una llanura sin diques.
Antes de comprar un lote, verifique su habilitación urbana. Exija a los candidatos que defiendan el PDU y la ZEE. El límite no es lo que nos quita la Amazonía. Es lo que nos la devuelve y sostiene.



